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Capítulo 783:
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«Tú…». Bonita dudó antes de murmurar: «Te confesé mis sentimientos y tú me rechazaste. Después de eso, te mostraste muy distante… Pensé que me despreciabas».
Neal soltó una risa ahogada. «¿Eso es lo que pensabas? No acepté tu confesión de amor porque apenas te conocía en ese momento. ¿Por qué iba a decir que sí a alguien que no conocía? En cuanto a lo que pasó después… malinterpretaste la situación. Siempre he sido así con las mujeres. No era por ti».
Ahora que la verdad estaba al descubierto entre ellos, Bonita sintió una extraña mezcla de alivio y vergüenza.
Como una semilla que finalmente brota de la tierra y se estira hacia el sol, la realidad había salido a la luz, inquebrantable, innegable.
Un dolor sordo en el estómago la sacó de sus pensamientos. Quizás se le estaba pasando el efecto de la anestesia. Hizo una mueca de dolor. La mirada penetrante de Neal se posó en ella. —¿Qué pasa?
—Solo es un poco de dolor —murmuró ella.
Su preocupación se transformó en algo más mordaz. —¿Por qué actuaste de forma tan imprudente? Teníamos un plan. Se suponía que debías gritar pidiendo ayuda cuando Beckett intentara algo contigo. Pero no, decidiste intervenir y recibir el golpe primero.
—¡Lo hice para que todo acabara rápido! —replicó Bonita con voz firme—. Si no, podría haberte vuelto a hacer daño. ¡No podía permitirlo! —Sus ojos brillantes, llenos de sinceridad y claridad, transmitían urgencia.
Por muy mal que Beckett la hubiera tratado en el pasado, ella podía soportarlo. Siempre había sido un felpudo, aguantando el daño que él le infligía.
Pero cuando se trataba de Neal, no podía hacer la vista gorda.
Él era su estrella polar, la única constante en su mundo en constante cambio.
Siempre había evitado la confrontación con Beckett, soportando todos sus ataques sin quejarse. Pero ahora, evitarlo ya no era una opción.
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Tenía a alguien a quien quería proteger.
La mirada de Neal se clavó en la de ella, con tal intensidad que Bonita no pudo ignorarlo.
Tras una larga pausa, él sonrió con aire burlón. —Estás llena de sorpresas. No eres la chica tímida y llorona que creía conocer.
Bonita apretó los labios, sin saber si se trataba de un cumplido o de una observación.
El silencio se extendió entre ellos, denso y tácito. Ella miró el reloj —las tres de la madrugada—, pero dormir le parecía una posibilidad lejana.
Deseó que el tiempo se detuviera, solo por un momento. Aunque tenía un aspecto horrible, había algo dulce en ese instante.
—¿Quieres descansar? —preguntó en voz baja—. Hay una cama libre. Podrías echarte una siesta.
Neal negó con la cabeza. —Duerme tú. No te preocupes por mí. Estaré aquí. Llámame si necesitas algo.
Bonita no necesitaba nada, pero tampoco podía dormir.
Observó cómo avanzaba el minutero antes de volver a hablar. —¿Estás despierto?
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