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Capítulo 780:
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Neal y Bonita se subieron a la ola como si fueran adolescentes probando las citas online.
¡Qué giro inesperado en la historia!
La tranquilidad del hospital por la noche contrastaba con el caos diurno. El silencio solo se rompía por el pitido de los monitores. En la habitación del hospital donde yacía Bonita había tres camas: una ocupada por ella, otra vacía y otra ocupada por un anciano conectado a un gotero.
«¡Dios mío!», exclamó el anciano al ver la figura vendada de Bonita. «¿Te ha atropellado un autobús, jovencita?».
«Me han agredido», murmuró Bonita.
El anciano la regañó, sacudiendo la cabeza. —¡Los jóvenes de hoy en día! Siempre recurren a la violencia en lugar de hablar. ¡Y tú! —Señaló acusadoramente a Neal—. ¿No has podido proteger a tu novia?
Bonita se sonrojó al oír esas palabras. —Señor, él no es mi novio.
—Ah, entonces ¿fue él quien te atacó?
—No, no, solo es un compañero de clase.
El anciano soltó un prolongado «Oh» y volvió a mirar a Neal. —¿Compañero de clase? —Neal resopló con tono sarcástico—. Ni siquiera estudiamos las mismas asignaturas ni vamos a la misma universidad.
Bonita se quedó sin palabras, sorprendida por el giro que había tomado la conversación.
Con la dura luz del hospital a sus espaldas, era difícil leer el rostro de Neal, pero su mandíbula apretada delataba su tensión.
Bonita tragó saliva nerviosamente, apenas respirando.
Sin saber por qué Neal había decidido quedarse ni qué pretendía discutir, su ansiedad aumentó.
Mientras chateaba con él por Internet, se le daba bien inventar diálogos.
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Sin embargo, se quedaba prácticamente muda cuando se enfrentaba a él en persona.
—Entonces no somos compañeros de clase —susurró Bonita—. Somos amigos.
—¿Amigos? —Neal se burló, levantando una ceja—. ¿Tan amigos somos? Bonita se quedó sin palabras.
¿Qué le pasaba hoy? ¿Por qué le respondía con sarcasmo a cada palabra que ella pronunciaba?
—Entonces, ¿por qué estás aquí? —insistió Bonita. «¿Qué es lo que necesitas preguntarme?».
Neal miró la hora en su teléfono y la miró fijamente con seriedad. «Basta de juegos. Eres Cutie, ¿verdad?».
Cutie era más que una simple admiradora para él; era su amiga virtual y su compañera digital.
«No», respondió Bonita al instante. «No conozco a nadie que se llame Cutie».
Neal soltó un bufido desdeñoso.
El corazón de Bonita latía con fuerza, el pánico era palpable en su pecho. ¿Por qué Neal le preguntaba por Cutie? ¿Sospechaba que ella era Cutie?
Sus dedos se aferraron con fuerza a la sábana, arrugando la tela. Neal tocó su teléfono varias veces e, inmediatamente, el teléfono de Bonita se iluminó, vibrando con las notificaciones.
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