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Capítulo 726:
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Fernanda arqueó una ceja. «¿Por qué estás tan segura de que Neal romperá contigo? ¿Tan insegura eres?».
Bonita respondió: «Es solo que… él no me quiere así».
Estaba segura de ello. El comportamiento de Neal lo dejaba claro. «Ya le he confesado mis sentimientos», dijo Bonita en voz baja, casi inaudible. «Te acuerdas, ¿verdad? Me rechazó».
Fernanda se apresuró a rebatirla. «Eso fue al principio, cuando aún no os conocíais bien. Claro que entonces no iba a aceptarte. ¿Pero ahora? Os conocéis mucho mejor. ¿No crees que ahora las cosas pueden ser diferentes?».
Bonita murmuró, casi inaudible: «No creo que seamos tan íntimos… Ya hablamos por Internet, pero ¿en persona? Sigo siendo la misma chica tímida de siempre».
Fernanda no se lo pensó dos veces. «No creo que Neal te rechace ahora. Si quieres mi consejo, da el paso. Ve a verle cuando gane el campeonato. Si realmente quiere terminar, déjale. Pero nunca lo sabrás si no lo intentas».
Al oír esto, Bonita sintió una punzada de tristeza que se le clavó en lo más profundo del pecho.
Durante las últimas semanas, su relación por Internet con Neal la había consumido por completo, como un libro cautivador que no podía soportar cerrar. En el fondo, sabía que ese tipo de relación no estaba destinada a durar. Sin embargo, se aferraba a la frágil alegría que le proporcionaba, sin querer dejarla escapar antes de llegar a la última página.
Lo que no esperaba era que el final llegara tan pronto. Se había permitido soñar que podría prolongarse, al menos hasta la graduación.
«Bonita», dijo Fernanda con tono suave. «Tienes que creer en ti misma. Eres increíble, ¿qué hay que dudar? Neal se enamoró de ti por Internet por cómo eres. ¿Y sabes qué? Eso es lo mismo que verá cuando te conozca en persona. No tienes que fingir ser otra persona».
Bonita ladeó la cabeza, pensando en ello. Las palabras de Fernanda tenían cierto sentido.
«Además —añadió Fernanda—, ¡os habéis visto en persona! ¿Sabes cómo acaban algunos de esos romances por Internet, en desastre, porque la gente usa fotos falsas? Pero ese no es vuestro caso. Los dos sois auténticos, una pareja perfecta. ¿Qué hay que temer?».
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A Bonita, eso le pareció aún más lógico.
Enderezó la espalda y sintió que la ansiedad que había sentido antes se desvanecía. Las palabras de Fernanda le sentaron como un bálsamo, llenándola de ánimos y ayudándola a recuperar la compostura.
«¡De acuerdo!», asintió Bonita con énfasis. «Lo haré. Le responderé».
«Así se habla», la animó Fernanda. «Mañana quédate en la residencia. Iremos juntas al estudio y luego nos dirigiremos al estadio».
«Entendido —respondió Bonita con voz decidida—. Esperaré tu llamada».
Después de colgar, cambió a su cuenta alternativa y, con los dedos suspendidos sobre el teclado, escribió un mensaje: «Si ganas el campeonato, nos vemos».
El día siguiente amaneció con un sol radiante. El aire estaba cargado con el zumbido constante de las cigarras, una sinfonía del calor del verano, y la temperatura parecía capaz de derretir el pavimento.
Fernanda y Bonita entraron en el estudio esa tarde, recibidas por una ráfaga de aire helado que las golpeó como una ola de bienvenida, un alivio para el calor sofocante del que acababan de escapar.
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