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Capítulo 693:
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En sus interacciones, ella siempre había sido la pasiva, cediendo a los deseos de Neal. Su papel era sencillo: adorarlo y mantener la fachada de su novia en línea.
No haría nada que pudiera perturbarlo.
Aliviada al ver que Bonita no estaba molesta, Sloane exhaló profundamente. Consideró la posibilidad de que hubieran malinterpretado la situación y que Bonita hubiera perdido interés en Neal.
Después de todo, aferrarse a una relación infructuosa era agotador.
Se acercaba el momento de subir al escenario y un miembro del personal les hizo señas para que se acercaran.
Fernanda, Clement y Bonita se unieron al público.
En el último partido, Kevin y su equipo habían salido victoriosos.
Esta victoria preparó el escenario para un posible enfrentamiento en la final, si Neal y su equipo lograban ganar su partido actual. El partido comenzó en medio de una gran emoción. El equipo de Neal se enfrentaba a un formidable equipo de otra escuela de Esaham. Todos los miembros de su equipo eran muy guapos, lo que aumentaba aún más su inmensa popularidad.
El estadio estaba repleto de aficionados ansiosos y se respiraba un ambiente electrizante.
«Fernanda, ¿crees que tenemos alguna posibilidad?», preguntó Bonita, nerviosa, agarrándole la mano a Fernanda con voz insegura.
«No estoy segura», admitió Fernanda, sacudiendo la cabeza. «Todo depende de cómo se desarrollen las cosas».
Sobre el papel, el equipo contrario era un rival difícil, ya que había vencido al equipo de Neal en la fase de grupos.
Bonita mantenía la mirada fija en la gran pantalla, con las manos apretadas sobre el corazón, como para calmar sus latidos frenéticos, y contenía la respiración en suspenso.
«Bonita». La voz de Fernanda la interrumpió, más suave esta vez, mientras se inclinaba hacia ella.
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—¿Eh? —Bonita ladeó la cabeza, acercando el oído mientras mantenía la mirada fija en la gran pantalla.
La voz de Fernanda estaba teñida de sospecha cuando se inclinó y soltó la bomba con naturalidad—. Eres la novia de Neal, ¿verdad?
Apenas unos instantes después de que las palabras de Fernanda quedaran suspendidas en el aire, Bonita dio un grito ahogado y levantó las manos para ahogar el sonido que escapó de sus labios. Afortunadamente, el clamor del concurrido local ahogó su grito antes de que pudiera llamar la atención.
El rostro de Bonita era un enmascaramiento de conmoción cuando se volvió hacia Fernanda, con los ojos muy abiertos y sin ver nada. En ese momento, la gran pantalla del local parpadeó, bañando a Fernanda en una luz blanca y dura que iluminaba sus rasgos con crudeza. Bajo ese resplandor intenso, los ojos de Fernanda brillaban con una agudeza incisiva, centelleando como cuerpos celestes en el cielo nocturno. Atravesaron a Bonita, llenos de una certeza inquietante y una profundidad de comprensión que no dejaba lugar a la negación.
Tartamudeando, Bonita logró responder, con la voz entremezclada con una mezcla de asombro y miedo: «¿Por qué… por qué dirías eso?».
Con una mirada cómplice, Fernanda le explicó suavemente: «Es imposible ocultar los movimientos del corazón. Tu mirada se posa en Neal con tanta intensidad emocional. No te das cuenta de lo reveladores que son tus ojos».
Bonita siempre se había enorgullecido de su discreción, especialmente con Neal, evitando cualquier interacción que pudiera insinuar su relación clandestina. Sin embargo, Fernanda había visto a través de su fachada sin esfuerzo.
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