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Capítulo 664:
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En cualquier caso, su respuesta habría sido la misma para ambos.
Su respuesta hizo que la sonrisa de Cristian se ampliara. Se enderezó y le preguntó con naturalidad: «¿De qué estás satisfecha exactamente?».
Fernanda desvió la pregunta y respondió: «Solo respondo a lo que me preguntas».
Cristian se rió entre dientes, con tono tranquilo. «En realidad, me refería a mí mismo».
Sin perder el ritmo, Fernanda dijo: «Me gusta mucho tu aspecto».
«¿De verdad lo piensas?», preguntó él.
«Por supuesto», respondió Fernanda con sinceridad.
Cristian se reclinó en su asiento, su sonrisa se hizo aún más amplia y su risa resonó suavemente. —Lo tomaré como un gran cumplido. Gracias por tus amables palabras.
Fernanda respondió con un gesto juguetón, levantando una ceja. —De nada.
Cristian no pudo contenerse y soltó una carcajada. Encontraba sus conversaciones deliciosamente entretenidas.
La inocencia de Fernanda en cuestiones románticas añadía un encanto especial a sus intercambios.
Decidiendo dejar de bromear, Cristian cambió de tema. —¿Hay algo interesante en los periódicos?
—Sí, he encontrado algo —respondió Fernanda.
Cristian dejó a un lado su portátil y le prestó toda su atención mientras juntaba las manos en su regazo.
—Robert empezó a trabajar en la fábrica de mi abuelo después de la universidad. Allí fue donde conoció a mi madre. La cortejó persistentemente con palabras y gestos cariñosos.
Según los periódicos, Robert era diligente, inteligente y hábil, lo que lo convertía en la pareja perfecta para Gracie. Su relación era bastante pública y su profundo afecto era evidente cada vez que se les veía juntos.
Su historia de amor solo se convirtió en noticia por el conflicto que desató: los padres de Gracie se oponían firmemente a su relación.
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Los esfuerzos de sus padres por separar a la pareja provocaron una acalorada discusión entre Gracie y su padre en la fábrica, lo que dañó significativamente su relación. En un acto de rebeldía, su padre despidió a Robert, lo que le obligó a montar su propio negocio de fabricación de artículos para el hogar.
En su pequeño pueblo, la historia de amor de Robert y Gracie era a menudo objeto de burlas y chismes triviales.
Se extendieron los rumores de que Gracie había financiado la empresa de Robert con dinero robado a su propia familia, que cobraron fuerza cuando su padre lo confirmó públicamente.
El padre de Gracie la acusó de tomar 200 000 dólares de los ahorros familiares para apoyar a Robert, lo que casi provocó el colapso del negocio familiar.
Furioso, su padre la repudió tras una violenta confrontación, alegando que ya no la reconocía como su hija debido a la deshonra que había traído sobre ellos. Gracie renunció desafiante a su padre y decidió cambiar su nombre por el de Lacie.
Al principio, quería eliminar por completo el apellido «Cooper», pero Robert la instó a mantener alguna conexión con su herencia y le sugirió que conservara el apellido.
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