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Capítulo 619:
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«Señorita Morgan, ¿cómo piensa lidiar con su familia a partir de ahora?».
«¿Piensa romper los lazos con los Morgan?».
«¿Tiene algún plan para vengarse de su familia?».
En su entusiasmo, uno de los periodistas golpeó accidentalmente a Fernanda con el micrófono, dejándole una marca roja en la mejilla.
Vinson agarró al reportero por el brazo y lo miró con tanta ferocidad que este se puso a temblar.
«Lo siento, de verdad, no era mi intención», balbuceó el reportero, con tono arrepentido. «¿Está bien?».
«Estoy bien», le aseguró Fernanda con voz firme.
Al ver que Fernanda mantenía la compostura y la actitud protectora de Vinson, los reporteros intuyeron que tenían una primicia. Uno de ellos rápidamente lanzó otra pregunta.
«Señorita Morgan, ¿usted y el señor Turner están saliendo juntos?».
Otro reportero intervino, ansioso por agitar las aguas. «¿Ha roto su compromiso con Bobby por culpa del señor Turner?».
Fernanda los miró con una mezcla de diversión y exasperación, maravillándose de la facilidad con la que los chismosos inventaban historias descabelladas.
«No», respondió con imperturbable calma. «El señor Turner y yo solo somos amigos».
Un suspiro colectivo de decepción escapó de los labios de los periodistas.
Sin embargo, los ojos de Fernanda brillaron con picardía. No se apresuró a marcharse, sino que les dedicó una radiante sonrisa.
«He dejado muy claro que el señor Turner y yo solo somos amigos. Si en breve aparecen en los medios historias sin fundamento sobre nosotros, pueden estar seguros de que habrá repercusiones».
Su sonrisa era dulce, pero la amenaza subyacente les hizo estremecer.
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En privado, los periodistas habían considerado la posibilidad de vincular sentimentalmente a Fernanda con Vinson. En su trabajo, la veracidad de los hechos solía quedar en segundo plano frente a los titulares sensacionalistas.
Sin embargo, la severa advertencia de Fernanda les hizo reflexionar.
Tenían la persistente sospecha de que inventar historias sobre ella y Vinson podría acarrearles problemas mucho mayores que cualquier posible primicia. Por lo tanto, prometieron repetidamente que evitarían publicar cualquier información engañosa.
Solo después de recibir sus garantías, la sonrisa de Fernanda se volvió genuinamente cálida y se despidió de ellos.
Mayson, que había estado observando desde la distancia, sintió un cosquilleo inquietante. Intuyó que Fernanda ocultaba algo siniestro tras su encantadora fachada.
Vinson llevó a Fernanda de vuelta a la universidad, donde Ector ya la estaba esperando.
—Ector —la saludó ella con calidez.
Ector, vestido con un jersey gris, pantalones informales de color beige y un abrigo de lana gris oscuro, presentaba una figura de elegancia discreta, aunque sus ojos cansados delataban la falta de sueño.
—Fernanda —suspiró Ector, con la voz teñida de ronquera—. No he podido localizarte, así que he decidido esperar aquí. En realidad… es papá. Quiere hablar contigo.
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