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Capítulo 1022:
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Ella ladeó la cabeza. «¿Y de cuánto beneficio estamos hablando?».
Cristian levantó dos dedos, indicando una suma considerable.
Fernanda arqueó las cejas. «¿Tanto?».
Cristian asintió. «Están invirtiendo una cantidad significativa. El mero hecho de tenerme en cuenta para este acuerdo es una muestra de su buena voluntad». No había duda de la satisfacción en su voz. Parecía genuinamente complacido y su confianza era contagiosa.
Fernanda entendió que esta asociación no era solo por negocios. Era una señal de un cambio en la postura de Curran hacia Cristian. Sin su aprobación, este trato ni siquiera habría sido posible.
Para Cristian, significaba más que una simple ganancia económica. Era una señal de reconocimiento, algo que había esperado en silencio.
Fernanda sabía que, por muy distante que pareciera, seguía anhelando un sentido de pertenencia. Quería una familia. Quería ser importante para ellos.
Esta propuesta era la prueba de que las cosas podrían estar cambiando por fin. Mientras Fernanda pensaba en Curran, su mente se desvió hacia Robert, a quien había conocido antes. Le contó a Cristian lo que había pasado y cómo lo había manejado. Luego dudó antes de preguntar: «¿Me equivoqué? ¿Crees que fui demasiado dura?».
Cristian le puso una mano en la nuca, con un gesto tranquilizador. «No. Se lo merecía». Su voz era tranquila, pero firme. «Fernanda, no tienes por qué sentirte culpable. Solo has reclamado lo que era tuyo. Has defendido tus derechos y los de tu difunta madre. Y, sinceramente, has sido más generosa de lo que él se merecía. No le has empujado a la ruina. Le dejaste lo suficiente para vivir cómodamente. Si él decide tirar eso por la borda, es culpa suya, no tuya».
Cristian conocía a Fernanda desde hacía años. Para él, ella siempre había sido una mujer serena y segura de sí misma.
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Este era uno de los raros momentos en los que veía la duda reflejada en su rostro. A menudo le decía que eran muy parecidos, sobre todo en su forma de ver los lazos familiares. Ambos anhelaban la aceptación, pero mantenían las distancias. Eran firmes en sus decisiones, pero aún así dudaban cuando se mezclaban las emociones. Ninguno de los dos quería empujar a alguien al límite si había una opción mejor.
Cristian había planeado llevar a Fernanda a un restaurante, pero en el último momento cambió de opinión. En su lugar, condujo hasta la finca Harper. Era uno de los pocos lugares donde ella sentía calidez y pertenencia. Allí, Martin y Judie la recibirían con sincero cariño.
Como no habían llamado antes, Judie se sorprendió al verlos. Pero sin perder el ritmo, pidió al personal que preparara comida extra.
La cena fue un festín, cada plato rico en sabor y con una presentación impecable. Mientras comían, Martin y Cristian hablaron de negocios, mientras Judie centró su atención en Fernanda. —¿Has pensado en continuar tus estudios?
—Por ahora no —respondió Fernanda—. Quiero centrarme primero en la gestión de la empresa. Si alguna vez decido volver, tendré esa opción.
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