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Capítulo 552:
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La pesadilla era siempre la misma.
Vesper estaba de nuevo en el avión. Las turbulencias le hacían tambalear los dientes. Las máscaras de oxígeno cayeron.
Pero cuando miró al asiento de al lado, no estaba su madre. Era Serena.
Serena abrió los ojos. Eran dos abismos negros.
Tú has hecho esto, susurró el cadáver.
Entonces, el avión se estrelló contra el suelo. No con una explosión, sino con el sonido de un cheque al romperse.
Vesper intentó gritar, pero tenía la boca llena de barro. La estaban arrastrando hacia abajo, hacia las profundidades de la tierra…
Vesper jadeó y se incorporó de golpe en la enorme cama.
Su corazón latía con fuerza contra las costillas como un pájaro atrapado. Tenía la piel empapada de sudor frío. La habitación estaba a oscuras; la única luz procedía del resplandor de la ciudad que se colaba a través de las ventanas salpicadas por la lluvia.
Un brazo fuerte la rodeó inmediatamente por la cintura.
—Estoy aquí.
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La voz de Damon sonaba áspera por el sueño, un murmullo grave que le vibraba en la espalda.
Vesper se giró y hundió el rostro en su pecho. Él estaba caliente. Sólido. Real. Inhaló su aroma —sándalo y piel limpia— e intentó borrar de su memoria el olor a tierra de tumba.
«Va a morir», sollozó Vesper, mientras el miedo irracional del sueño se filtraba en la realidad. «Por mi culpa. Soy una asesina».
Damon no la contradijo. Extendió la mano y encendió la lámpara de la mesilla. Una luz suave y dorada inundó la habitación, ahuyentando las sombras.
Cogió su teléfono de la mesilla. Pulsó unas cuantas veces y abrió una imagen.
«Mira», le ordenó, sosteniendo la pantalla frente a su rostro.
Vesper parpadeó, mientras sus ojos se adaptaban a la luz.
La pantalla mostraba una foto. Era borrosa, claramente tomada con un teleobjetivo a través de la ventana de un hospital.
En la cama, Serena Sharp estaba sentada. Llevaba una venda en la muñeca, sí. Pero con la otra mano sostenía una hamburguesa. Estaba viendo la tele y riéndose.
«Ella…», dijo Vesper, fijándose en la imagen. «¿Está comiendo una hamburguesa con queso? »
«Con pepinillos extra», dijo Damon con ironía. «Y está viendo un reality show. ¿Te parece que esa es una mujer al borde de la muerte?»
Vesper observó cómo Serena se limpiaba la grasa de la boca y le gritaba algo a una enfermera que entraba en el encuadre. La enfermera parecía molesta, no preocupada.
La culpa que había estado oprimiendo el pecho de Vesper se evaporó al instante, sustituida por una oleada de incredulidad e ira.
«Me está tomando el pelo», susurró Vesper.
«Nos está tomando el pelo a todos», dijo Damon, tirando el móvil sobre el edredón. «Sabe que tienes conciencia. La está utilizando como arma. No dejes que gane en tu cabeza, Vesper. La venciste en el escenario. No dejes que te venza en tus sueños».
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