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Capítulo 516:
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La sede central de Sterling Corp bullía con la energía silenciosa y eficiente de un imperio de mil millones de dólares, pero dentro del despacho del director ejecutivo, la temperatura parecía rondar el cero absoluto. Damon estaba sentado tras su enorme escritorio de cristal, fijando la mirada en el informe técnico que su director de tecnología, Reynolds, acababa de colocar ante él.
«Explícamelo otra vez», dijo Damon. No miraba al director de tecnología. Miraba las formas de onda de audio impresas en el papel.
—Se trata del fallo del núcleo del Q-Bot, señor —dijo Reynolds, secándose el sudor de la frente—. Thorne Robotics lleva meses intentando solucionar los problemas de estabilidad. Desde la detención de Silas Thorne y su posterior puesta en libertad bajo fianza, su equipo está sumido en el caos. Pero hemos conseguido hacernos con una copia de sus registros beta.
Damon dio un golpecito al papel. «¿Y esto?».
«Esa es la pieza que faltaba», explicó Reynolds. «No es código, señor. Es una clave armónica. El procesador central del robot se basa en un bucle de retroalimentación bioacústica para estabilizar su giroscopio. Requiere una frecuencia vocal específica para desbloquear las funciones superiores».
El dedo de Damon recorrió las ondas sonoras. Reconoció el patrón. No el lenguaje técnico —era un hombre de negocios, no un programador—, sino su ritmo. La representación visual del sonido. Era una nana.
Se le aceleró el corazón. Un recuerdo le vino a la mente: Vesper, hacía meses, sentada en el suelo del viejo piso, tarareando una melodía mientras trabajaba en la vieja tableta de su padre. Ella había mencionado que el «Proyecto Mind» de Arthur Vance utilizaba el sonido para salvar la brecha entre la IA y la respuesta humana.
𝘓𝘰 𝘮𝘢́𝘴 𝘭𝘦𝘪́𝘥𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘴𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢 𝘦𝘯 𝘯𝘰𝘷𝘦𝘭𝘢𝘴4𝘧𝘢𝘯.𝘤𝘰𝘮
«El Protocolo Iris», murmuró Damon, con voz más firme. «Silas sabe quién es ella. Todo el mundo sabe que Vesper es Iris. Ese no es el problema».
«Correcto, señor», asintió Reynolds con nerviosismo. «La identidad ya no es el secreto. El problema es el bloqueo biométrico. Arthur Vance no se limitó a escribir código; incorporó un mecanismo de seguridad genético. El sistema no acepta una grabación digital ni un sintetizador. Requiere la resonancia orgánica y en directo de la voz de su hija para calibrar el giroscopio».
Damon cerró de un portazo la carpeta. La revelación le golpeó como un puñetazo. Silas no solo quería a Vesper porque fuera una programadora brillante o un trofeo con el que humillar a Damon. Necesitaba su presencia física. Necesitaba sus pulmones, sus cuerdas vocales, su aliento. Ella era la única llave del mundo capaz de convertir su pisapapeles de mil millones de dólares en un producto.
«Así que no puede limitarse a hackear su ordenador», dijo Damon, con una ferocidad repentina y sorprendente en la voz. «Necesita ponerla delante de un micrófono. Físicamente».
«Sí, señor. Sin la aportación vocal específica de Vesper Vance para calibrar el sistema en tiempo real, el robot suspenderá todas las pruebas de estabilidad. Si Silas se da cuenta de que el protocolo “Iris” es en realidad un bloqueo biológico… no se detendrá ante nada para hacerse con la persona a la que pertenece esa voz».
Damon se levantó y se dirigió a la ventana, contemplando la ciudad. Vesper. Su Vesper. Ella era el fantasma en la máquina. Ella era la razón por la que Silas Thorne la había estado acosando. No se trataba solo de su valor de mercado; era su legado genético. En su garganta se encontraba la clave para la próxima generación de robótica, y probablemente ni siquiera se daba cuenta del valor de lo que poseía.
El pánico, frío y agudo, le atravesó el pecho. Si Silas lo supiera… si Silas se diera cuenta de que no bastaba con robar sus archivos, sino que tenía que robarla a ella…
«¿Señor?»
Damon se volvió. Su rostro era una máscara de granito.
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