✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 491:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Mientras se cargaba la barra de progreso, Vesper se fijó en una caja cerca del escritorio de Vargas. Estaba abierta. Dentro, bajo una capa de paja, vio carcasas metálicas. No eran drogas. Eran bastidores de servidores.
Cambió de postura, fingiendo mirarse las uñas, y orientó sutilmente su bolso de mano. Pulsó el botón oculto en el lateral. La minúscula lente incrustada en el cierre tomó una ráfaga de fotos en alta resolución. Amplió la imagen en la pantalla de su móvil, oculto en la palma de la mano. Sin logotipo, solo un número de serie grabado en el acero: TH-X99_PROTO.
Lo memorizó al instante. Era la designación de un prototipo de Thorne Industries.
« «Transferencia completada», anunció Damon.
Al mismo tiempo, su reloj vibró. El clon del libro mayor estaba listo. Vargas le entregó el pesado libro encuadernado en cuero a su asistente para que lo cotejara con la transferencia, sin saber que el escáner de proximidad de Damon acababa de extraer los datos.
«Cárgalos en mi avión», ordenó Damon, guardando la tableta. «Mi piloto está esperando. Quiero estar en el aire en veinte minutos».
«Por supuesto», sonrió Vargas, consultando su propio dispositivo para confirmar los fondos.
De repente, sonó un teléfono.
𝘏і𝘀t𝗈r𝘪a𝘀 𝗊u𝖾 𝗇𝗈 𝗉оd𝗿𝖺́𝗌 𝘴𝗈𝗅𝗍𝖺r 𝖾𝗻 𝗇𝘰𝘷𝖾𝘭aѕ𝟦𝗳аn.𝗰𝗈𝘮
Era un teléfono fijo de los de toda la vida en el escritorio de Vargas. Un teléfono rojo. El sonido resultaba discordante en aquella cámara de eco de hormigón.
Damon se tensó imperceptiblemente. Su mano se deslizó hacia la cintura, donde Vesper sabía que llevaba un arma oculta.
Vargas frunció el ceño. Descolgó el auricular. «¿Sí?»
Escuchó. Sus ojos se desviaron hacia Damon. Luego, hacia Vesper.
Vesper contuvo la respiración. ¿Era Silas? ¿Era la orden de ejecución?
Vargas siguió escuchando durante otros diez segundos. Luego se rió.
«Entendido», dijo, y colgó.
Miró a Damon. El silencio se prolongó, tenso y delgado como un alambre.
—Mi socio en Nueva York —dijo Vargas, sonriendo—. Dice que ahora es… estrictamente un socio silencioso. Ha pasado a la clandestinidad.
Damon frunció el ceño. —¿A la clandestinidad? Reynolds lo tenía bajo custodia.
—Ya no —se rió Vargas, encendiendo un nuevo puro—. Al parecer, el senador decidió que su perro era demasiado rabioso para mantenerlo en una jaula, pero demasiado útil para sacrificarlo. Le cortó la correa. Tu amigo Silas está en paradero desconocido, señor Sterling. Y parece… desesperado».
Vesper sintió un escalofrío recorriendo su espalda. Si Grant había liberado a Silas de su custodia, eso significaba que estaban planeando algo catastrófico. Un golpe definitivo.
«Te envía saludos», añadió Vargas. «Dice que te deje marchar. Al parecer, te ha preparado una sorpresa en casa. Algo… personal».
«Tienes vía libre». Vargas hizo una señal a sus hombres para que abrieran las puertas de la zona de carga.
Damon no dudó. Agarró a Vesper del brazo. «Vámonos».
Salieron al aire de la noche, con el fresco viento del desierto azotándoles el rostro. Caminaron hacia los camiones que esperaban para llevar a las chicas al avión. No corrieron. No miraron atrás.
Pero Vesper podía sentir la mira en su espalda a cada paso.
* * *
.
.
.