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Capítulo 974:
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El conductor negó con la cabeza. «No sé de quién está hablando».
«¡Entonces quién fue! ¿Qué quiere de mí?».
«No se preocupe». Su tono se mantuvo tranquilo. «No le pasará nada. Mi jefe solo necesita reunirse con Eric Flynn. Eso es todo».
Eric.
Hadley sintió un nudo en el pecho. Se trataba de él.
Apretó los puños y tembló.
Recordó aquellas veces en las que Eric había vuelto magullado o ensangrentado, cuando Linda había sido atacada en Storia. Él siempre decía que era porque el pasado le perseguía. Así que esto era lo mismo. Más enemigos suyos.
En Orkmont,
Eric acababa de terminar una reunión y se dirigía de vuelta a Srixby. Cogió el teléfono para llamar a Hadley. No contestaba. Lo intentó de nuevo. Tampoco contestaba.
«Probablemente esté rodando», pensó.
Volvió a guardar el teléfono en el bolsillo, pero sonó casi inmediatamente.
Una sonrisa se dibujó en sus labios. Quizás Hadley le estaba devolviendo la llamada. Pero cuando miró la pantalla, el número le resultaba desconocido.
No podía ser spam, su teléfono tenía filtro. ¿Quién podía ser?
Contestó. «¿Hola?».
Una voz grave y ronca crepitó al otro lado. «Eric».
Eric se quedó paralizado. La voz era anciana, tranquila… y terriblemente familiar.
Se le puso la piel de gallina en los brazos. Forzó una mueca de desprecio en su voz. «¿Quién demonios eres? Te has equivocado de número». Estaba listo para colgar.
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«Espera». La voz se agudizó, con un suave tono amenazante. «He pedido a algunas personas que inviten tanto a Linda como a Hadley».
A Eric se le heló la sangre.
Silencio.
Luego, un rugido, crudo y furioso. «¡¿Qué demonios quieres?!».
La persona que llamaba se rió, lenta y deliberadamente. «Te envié una invitación. La ignoraste. ¿Qué otra opción tenía?».
«Cobarde». La voz de Eric rebosaba disgusto. «¿Sigues escondiéndote detrás de las mujeres? Hay cosas que nunca cambian».
El hombre volvió a reírse, divertido. «Ven a verme. Te espero». No era una petición. Era una orden. Una trampa tendida con cruel confianza. Y Eric no tenía más remedio que obedecer.
Eric apretó los dientes. «¿Dónde?».
El hombre le dio una dirección.
«Voy para allá».
Eric terminó la llamada, con expresión cenicienta. «Phillips», ladró, «cambia de rumbo. Nos dirigimos a otro lugar».
«Sí, señor Flynn».
El coche se desvió hacia un nuevo camino.
Eric se recostó, con los ojos cerrados. Esa voz… su peor pesadilla.
Un viejo miedo enterrado se agitó en su interior.
Y entonces… ¡Crack! Un latigazo atravesó su memoria. Una y otra vez.
Cada golpe desgarraba la espalda del joven Eric, dejándolo ensangrentado, destrozado, apenas consciente. Pero nunca moría, ellos se aseguraban de ello. Siempre despertaba… para otra ronda de tormento.
Poco después, Eric y su séquito llegaron a su destino. Justo junto a la puerta, un hombre esperaba. En cuanto vio a Eric, se enderezó con un respeto ensayado.
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