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Capítulo 927:
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En su desesperación y creyendo que Hadley podría tener alguna clave para la recuperación de Eric, Linda consideró que valía la pena intentarlo.
Siguiendo la dirección, encontró el edificio de apartamentos especificado e inmediatamente reconoció un vehículo familiar aparcado fuera. Un Cayenne negro.
Se acercó y comprobó la matrícula: era el coche de Ernest, sin duda alguna.
Linda se permitió una pequeña sonrisa. Parecía que ella y Ernest pensaban lo mismo: ambos estaban allí por el bien de Eric.
Este giro de los acontecimientos reforzó su confianza. Con Ernest presente, Hadley seguramente se sentiría más obligada a ayudar.
Mientras Linda se preparaba para acercarse, la puerta del coche se abrió y Ernest salió. Momentos después, apareció Hadley, acompañando a Elissa desde el interior del edificio.
Linda se detuvo, sorprendida.
¿La mujer que acompañaba a Hadley era Elissa? ¿La que había confeccionado su vestido de novia?
La presencia de Elissa le planteó algunas preguntas. ¿Por qué no estaba en su propia casa, con su familia, en lugar de con Hadley?
Algo no cuadraba.
Elissa parecía enferma y extraña.
Mientras tanto…
—Ernest —Hadley le saludó con un pequeño gesto de la cabeza.
—Hadley —Ernest le devolvió el saludo y se dispuso a abrir la puerta del coche. Absorta en sus pensamientos, Elissa comentó: —Está tan callado como siempre.
—Tómate tu tiempo, Elissa —le aconsejó Hadley mientras la ayudaba a subir al vehículo, mientras Ernest se sentaba en el asiento delantero.
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En poco tiempo, estaban en camino.
Linda se quedó allí, con la mente llena de desconcierto y curiosidad. ¿Qué estaba pasando exactamente? ¿Por qué Ernest estaba al volante y a qué destino se dirigían?
Linda había llegado a comprender que Ernest realmente solo consideraba a Hadley como una hermana, que las horquillas de carey no pertenecían a Hadley, ni era ella la madre de Locke…
En un instante, los pensamientos de Linda se centraron en el lápiz de dibujo profesional.
¡Efectivamente, Elissa era diseñadora!
Reflexionando ahora sobre ello, Linda se dio cuenta de que esas horquillas de carey no tenían ninguna etiqueta ni marca.
Una vez había consultado a un experto sobre ellas, quien le comentó que parecían estar hechas a mano, y que sus intrincados detalles eran prueba de una habilidad extraordinaria.
¿Quién podría haber creado algo tan único?
Ahora se le ocurrió la respuesta.
¡Era Elissa! ¡Era una diseñadora experimentada con el talento necesario para producir tal obra de arte!
Y entonces…
Linda cerró los ojos y su mente se desvió hacia la foto que había visto en el teléfono de Ernest.
En ese momento, su atención se había centrado en Hadley, capturada en pleno movimiento mientras abandonaba el grupo de baile junto a una compañera de trabajo. «Ja, ¿no es irónico?», Linda soltó una risa amarga y silenciosa.
En ese momento, se había fijado en Hadley al instante, ¡sin darse cuenta de la compañera de trabajo que estaba a su lado!
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