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Capítulo 8:
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Los nervios le secaron la boca a Hadley.
—Soy yo.
—¿Qué quieres? —preguntó Eric, con un tono de irritación en la voz.
Sorprendida por su tono duro, Hadley tartamudeó:
—He intentado llamar a Nyla, pero parece que su número está desconectado.
Eric respondió con frialdad:
«¿Para qué necesitas a la abuela? Acabas de irte y ya estás intentando meterla en tus problemas».
Hadley se apresuró a aclarar:
«No es eso…».
Eric no la dejó terminar.
«No te molestes en intentar contactar con la abuela. Le he cambiado el número para que no la molestes».
Hadley se quedó sin palabras, con lágrimas asomando a sus ojos.
Sabía que Eric no la soportaba, pero ¿no era suficiente con que se hubiera ido del país?
¿De verdad tenía que alejarla también de Nyla?
Nyla siempre había sido muy amable con ella y ella apreciaba mucho su relación.
—¿Algo más? —La voz de Eric estaba perdiendo la paciencia—. Te enviamos al extranjero para que fueras más independiente, no para que siguieras dependiendo de nosotros como has hecho toda tu vida. ¡Voy a colgar!
—¡Espera, por favor! —interrumpió Hadley rápidamente, con desesperación en su voz—. Es sobre los gastos de manutención… aún no los han enviado.
—¿En serio?
La sonrisa de Eric era fría, llena de desprecio.
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—Así que se trata del dinero, ¿no? Ni siquiera ha pasado un mes. ¿Qué prisa tienes? Tranquila, recibirás lo que te corresponde. Solo ten paciencia. ¿No creerás que vamos a dejarte pasar hambre?
Hizo una breve pausa y su tono se volvió seco.
—No me llames a menos que sea urgente. Yo me pondré en contacto si hay alguna necesidad.
Con esas últimas palabras, la conversación terminó abruptamente.
Aferrándose al teléfono, Hadley estaba visiblemente conmocionada.
Eric la despreciaba hasta tal punto.
«Absurdo».
Con una risa débil, el rostro de Hadley se volvió ceniciento. Pedirle dinero la había hecho sentir profundamente humillada.
En silencio, se llevó la mano al vientre, que seguía sin cambios, cerró los ojos y dejó que las lágrimas brotaran en silencio.
Habían pasado ocho meses.
Hadley dormía plácidamente en su modesta habitación, con su vientre embarazado bien visible.
Se acercaba la llegada de su hijo. A pesar de la recomendación del médico de ingresar pronto en el hospital debido a la posición podálica del bebé, Hadley se limitó a sonreír y permanecer en silencio.
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