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Capítulo 697:
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Su mente se llenó de posibilidades, cada una más aterradora que la anterior. Sin perder un segundo, tiró de las sábanas y saltó de la cama.
Apenas se dio cuenta de que se estaba vistiendo. Cuando llegó a la escalera, un par de faros brillaron a través de la ventana. Phillips ya estaba allí.
El trayecto al hospital fue una nebulosa.
Cuando llegaron, Ernest ya estaba allí, esperando justo fuera de la sala de urgencias.
—Ernest —llamó Hadley con voz tensa. Corrió hacia él, con el rostro pálido.
—No te preocupes —dijo Ernest con un suspiro—. Los médicos le han hecho un chequeo inicial y las lesiones de Eric no son mortales.
Hadley exhaló y asintió ligeramente.
—Oh…
Pero las palabras no la tranquilizaron. ¿No mortales? Eso era demasiado vago.
¿Y el resto de las lesiones? ¿Huesos rotos? ¿Daños permanentes? Antes de que pudiera preguntar, la puerta del centro de traumatología se abrió y salió un médico. Ernest se puso de pie en un instante.
—¿Cómo está mi hermano?
—Sr. Flynn, su hermano debe ser trasladado al quirófano de inmediato. Sus lesiones son muy graves, más de lo que puede tratar el centro de traumatología.
Hadley sintió una fuerza invisible presionándole el pecho.
Ernest, sin embargo, no perdió tiempo. Apretó la mandíbula y tomó una decisión inmediata.
—Entendido. Firmaré los papeles. Solo asegúrese de hacer todo lo posible.
El médico asintió.
—Haremos todo lo que podamos, señor Flynn.
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En cuestión de minutos, se firmaron los documentos necesarios y Eric fue trasladado en camilla desde la sala de traumatología directamente al quirófano. Hadley ni siquiera pudo verlo.
Una sensación de vacío se apoderó de ella cuando Ernest y ella se encontraron en la sala de espera fuera del quirófano.
Ernest exhaló, rompiendo el silencio. Extendió la mano y le dio una palmada tranquilizadora en el hombro.
—No tengas miedo. —Su voz era tranquila, firme.
—Eric estará bien. El médico ha dicho que sus heridas no son graves.
Hadley tragó saliva con dificultad, tenía la garganta seca.
—Lo sé, Ernest —murmuró. Tenía las manos apretadas sobre el regazo y los nudillos pálidos.
—No tengo miedo.
Era Ernest Flynn. No permitiría que le pasara nada a su hermano. Tenía los recursos, los mejores médicos, la medicina más moderna… Eric sobreviviría. Y, sin embargo, el corazón de Hadley se negaba a tranquilizarse.
Después de lo que pareció una eternidad, llegó Quentin.
Parecía tenso, sus ojos escaneaban la habitación, pero Hadley se dio cuenta rápidamente de que no había venido solo por Eric. Linda también estaba allí.
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