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Capítulo 694:
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El corazón de Eric dio un vuelco y apretó los dedos alrededor de la mano de ella.
—Hadley, yo…
—Sigue, entonces —interrumpió Hadley, con voz firme como un lago en calma.
—Si te han llamado tan tarde, debe de ser urgente. No te quedes aquí dando explicaciones, vete.
—¿Hadley? —Eric parpadeó, sorprendido por su compostura.
—¿No estás enfadada?
—En absoluto. —Hadley esbozó una suave sonrisa y negó con la cabeza, antes de que su tono cambiara con una repentina curiosidad.
—Pero digamos, solo por argumentar, que estuviera molesta y te pidiera que te quedaras. ¿Lo harías?
Eric se quedó paralizado, con una expresión que reflejaba emociones encontradas, respondiendo más de lo que las palabras podrían expresar.
—Exacto —dijo Hadley con una leve sonrisa.
—Que esté molesta o no no cambiaría nada, así que ¿por qué darle vueltas?
Le quitó la mano y le dio un empujoncito, con un contacto ligero pero firme.
—Vete ya. Ella te está esperando.
—Hadley… —Eric dudó, buscando en su rostro algo, cualquier cosa, a lo que aferrarse.
Pero Hadley volvió la mirada hacia la ventana, con voz fría.
—Es tarde y necesito descansar. Deberías irte.
Eric estudió su perfil, intuyendo el descontento que se escondía bajo su aparente compostura.
Sin embargo, no podía ignorar el llamado del deber.
—Entonces… me voy.
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—Mm —murmuró Hadley, con una suave sonrisa mientras asentía con la cabeza.
Eric se levantó y se dirigió al armario para cambiarse. Cuando regresó, Hadley ya se había acomodado de nuevo, dándole la espalda una vez más.
Una repentina opresión le oprimió el pecho, una inquietud que no podía sacarse de encima.
—Hadley, me voy.
La respuesta de Hadley fue débil, sin cambiar de postura, sin decir nada más ni siquiera mirarlo.
Eric se quedó un momento, esperando algo más, pero el silencio se prolongó.
Mientras se cambiaba, había notado el débil golpeteo del aguanieve contra la ventana.
Se inclinó y le acarició suavemente la mejilla con los dedos.
—Hace frío ahí fuera con el aguanieve, mantente bien arropada con la manta.
Hadley mantuvo los ojos cerrados, respirando con regularidad, como si ya estuviera sumiéndose en el sueño, sin dar señales de haberle oído.
—Me voy —repitió Eric, esta vez en voz más baja.
Dudó un momento más antes de retirar la mano y salir de la habitación.
La puerta se cerró con un clic detrás de él y, en ese instante, Hadley abrió los ojos y lo miró con serenidad y compostura.
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