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Capítulo 687:
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Las rodillas le fallaron y se agarró la cabeza, a punto de desmayarse.
—¡Linda! —Ernest se apresuró a acercarse para sostenerla.
—¡Aléjate!
Ella empujó violentamente a Ernest, alejándose de él como si fuera una amenaza que nunca había visto claramente hasta ese momento.
—¿Tú… me estás diciendo que tienes un hijo?
Ernest solo pudo fruncir el ceño y asentir en silencio, con una clara expresión de culpa.
Los ojos de Linda se llenaron rápidamente de lágrimas y la ira se apoderó de su rostro. Sin previo aviso, se abalanzó sobre Ernest y lo agarró con fuerza por la camisa, con la voz temblorosa por la rabia.
—¿Tu hijo? ¿De verdad acabas de decir que es tu hijo?
—Sí —admitió Ernest en voz baja, bajando la mirada para evitar la de ella.
Se instaló un silencio incómodo entre ellos.
Linda palideció y se mordió con fuerza el labio inferior, sin darse cuenta de que se había hecho sangre.
—¡Linda! —Ernest se apresuró a acercarse, con el ceño fruncido por la preocupación—. ¡Para! ¡Te estás haciendo daño!
—¿Ahora te preocupas por mí? —espetó ella.
Alejándose de él, Linda se rió con amargura antes de levantar la mano y dar una fuerte bofetada a Ernest en la mejilla.
El sonido seco resonó en el aire, dejando a Ernest momentáneamente aturdido por el golpe.
—¡Ernest! —La mirada de Linda se clavó en la de él, su control a punto de romperse.
—Siempre insististe en que nunca me habías traicionado, siempre alegando tu inocencia. ¿Y ahora hay un niño de por medio? ¿Cómo me explicas eso? ¡Dímelo! ¿Qué se supone que debo hacer yo exactamente?
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—¿Qué pasa? —Perturbada por el ruido, Nyla salió, frotándose los ojos para quitarse el sueño.
—¿Otra vez discutiendo?
—¡Nyla! —Linda corrió inmediatamente hacia Nyla y se refugió en su reconfortante abrazo.
—¡Esta vez tienes que apoyarme!
—¡Señor Flynn!
Quentin llegó corriendo desde abajo, interrumpiendo la escena.
—¡Tenemos noticias sobre el niño!
—¿Lo han encontrado?
La mirada de Ernest se endureció y tragó saliva con dificultad.
Sus ojos se posaron en Linda, y la indecisión lo invadió como un tornillo que lo apretaba. Abrió ligeramente los labios, como si estuviera a punto de hablar, pero al final se dio la vuelta en silencio.
Linda contuvo el aliento. Su corazón latía con fuerza, incrédulo.
—¡Ernest! ¡No te atrevas a alejarte de mí!
Ante la dureza de su tono, Ernest vaciló. Sus hombros se tensaron antes de volverse lentamente, con una expresión confusa, llena de conflicto y arrepentimiento.
—¡Ernest!
Linda se abalanzó hacia él, clavándole los dedos en el brazo, con un agarre fuerte y desesperado. Sus ojos hinchados y enrojecidos por las lágrimas se clavaron en los de él mientras negaba con la cabeza, con voz baja pero furiosa.
—No te vas a ir. No así.
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