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Capítulo 66:
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Al oír la voz de Sebastian, Hadley se volvió y los vio, con expresión de sorpresa.
Se detuvo brevemente, pero luego se acercó y saludó a Sebastian con una sonrisa. —Hola, Sebastian.
Solo después de este saludo, Hadley miró hacia el asiento trasero. A través del cristal oscuro, vislumbró la silueta de Eric, pero no pudo distinguir su expresión.
Al notar el silencio que se había instalado desde que Eric permaneció callado, Sebastian lo rompió preguntando: —¿Adónde vais?
«Volvemos a Silver Villas», respondió Hadley, sin dejar de sonreír.
«Mm-hmm…».
Sebastian miró a Eric en busca de orientación.
«Señor, su esposa se dirige a Silver Villas», mencionó Sebastian, comprobando la situación. La pregunta tácita flotaba en el aire: «¿Le ofrecemos llevarla?».
Eric seguía concentrado en su teléfono, sin mostrar ningún interés por la situación.
Sebastian se rió torpemente, sintiéndose cada vez más incómodo.
Reconociendo su inquietud, Hadley le dedicó una cálida sonrisa. —No pasa nada, Sebastian. Me las arreglaré sola. Adiós.
—Vale, adiós. —Hadley se despidió con la mano, se dio la vuelta y desapareció entre la multitud, volviéndose rápidamente invisible.
Sebastian soltó un suspiro de resignación. Llevaba años conduciendo para la familia Flynn y, a veces, se atrevía a dar consejos a Eric.
—Señor, a esta hora puede ser difícil encontrar un taxi. ¿Quizás podríamos llevarla?
—¿Difícil encontrar un taxi? —Eric finalmente dejó a un lado el teléfono y levantó la vista, arqueando las cejas—. No hay problema. No tiene prisa. No tiene ningún sitio al que ir.
—Pero… —dijo Sebastian, con la voz apagada por la frustración.
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Sebastian era muy consciente del desdén que Eric sentía por Hadley.
—No hay peros —lo interrumpió Eric, haciendo un gesto de rechazo. Su mirada se endureció—. Los dos conocemos bien a Hadley. Si la dejamos entrar, se pegará a mí como siempre. Prefiero evitar cualquier drama.
Eric reflexionó: —Además, ¿no insistió en que no necesitaba mi ayuda?
¿Por qué complicarse la vida? Era más fácil dejar que ella se las arreglara sola.
—Sebastian —interrumpió Eric, levantando la mano—. Conduce. El tráfico empieza a moverse.
—De acuerdo.
De vuelta en Silver Villas, Hadley llegó sudando después de un viaje en autobús en el que había ido apretujada, sintiéndose como si la hubieran metido en una lata.
Había venido solo a recoger sus pertenencias. Como aún tenía la maleta hecha, no tardó mucho. Solo tenía que sacarla y marcharse.
Hadley se derrumbó en el sofá del salón y sacó de su bolso el dinero que había sacado del cajero automático, contándolo con cuidado. Exactamente 5200 dólares.
A continuación, cogió un sobre en blanco, escribió unas palabras en él y, después de meter el dinero dentro, lo colocó cuidadosamente sobre la mesa de centro.
Una vez completadas sus tareas, Hadley sintió una sensación de alivio. Ahora podía marcharse con tranquilidad.
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