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Capítulo 619:
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Cuando se encontró con su mirada, su rostro estaba pálido y sus ojos se abrieron de par en par por el miedo que sentía por su hijo aún no nacido.
¿Un hijo? ¿Hadley estaba embarazada?
Eric finalmente volvió a la realidad y, con voz aguda, gritó al teléfono: «¿Has oído eso? ¡Obstetras! Traed a…».
«¡A los obstetras, ahora mismo!».
«Entendido, señor Flynn».
Colgó bruscamente, dudando solo un instante antes de colocar suavemente sus temblorosas manos sobre el vientre de Hadley.
Hadley se inclinó hacia él instintivamente y él la envolvió protectora en sus brazos.
Bajo sus palmas, dentro del vientre de Hadley, descansaba su hijo.
Allí, en sus brazos, sostenía a su amada y a su carne y sangre, un milagro inesperado.
El corazón de Eric latía con fuerza, y una sensación de temblor se extendió por su pecho.
De todas las innumerables experiencias que le había deparado la vida, ninguna le había impactado con tanta intensidad, con una emoción tan cruda y sin filtros.
Bajó la cabeza y le dio un beso tierno y tembloroso en la frente.
—¿Es verdad?
Hadley no podía ver claramente la expresión de Eric, pero había algo en su voz que le resultaba totalmente desconocido.
¿Estaba… realmente contento?
Ella permaneció en silencio, demasiado abrumada para responder, pero Eric no se dio cuenta, absorto en su propio torbellino de emociones.
Le dio otro beso urgente en la frente y las preguntas salieron a borbotones.
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—¿Cuánto tiempo lo sabes? ¿Por qué no me lo has dicho?
Su voz se suavizó y se volvió nerviosa. —Lo he leído: el primer trimestre es crítico. Deberías haber tenido mucho cuidado…
Se detuvo de repente, recordando que acababa de sufrir un secuestro.
Apretó la mandíbula con rabia.
—Maldita sea. —Los ojos de Eric se volvieron fríos y se oscurecieron peligrosamente—. Esos dos… Quiero que los encuentren inmediatamente. Cueste lo que cueste, se arrepentirán de haberte puesto un dedo encima.
Hadley lo miró confundida, con el corazón acelerado. ¿De verdad Eric se preocupaba tanto por su hijo?
—¡Espera un momento! —exclamó Eric de repente, con tono más severo—. ¿Qué querías decir cuando dijiste que no quería a este niño?
Su rostro se volvió más frío y la confusión arrugó profundamente su frente—. ¿Por qué supones algo así? ¿Alguna vez me has preguntado cómo me sentía? ¿Alguna vez he dicho esas palabras?
Hadley abrió la boca, pero las palabras no le salían: ahora no había ninguna explicación que tuviera sentido.
—Uf…
Un dolor agonizante le atravesó el abdomen, obligándola a cerrar los ojos para evitar dar explicaciones.
—Hadley…
Eric exhaló bruscamente, dividido entre la frustración y la profunda preocupación. Con un suspiro, la atrajo hacia sí y le besó suavemente la frente empapada de sudor.
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