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Capítulo 510:
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Hadley retrocedió, sorprendida por su repentina agresividad.
Cerca de allí, Denver, que había presenciado el tenso intercambio, intervino rápidamente.
—Eric, te has equivocado. Hadley tuvo un accidente anoche. Yo solo la estaba ayudando a llegar al hospital…
—¡Cállate!
Los ojos de Eric ardían de ira mientras se volvía hacia Denver.
—¡Y tú!
Con un movimiento rápido, agarró a Denver por el cuello de la camisa.
—¿Pensando que puedes tocar a mi novia? ¡Realmente estás buscando problemas!
A mitad de la frase, Eric lanzó un puñetazo que impactó con fuerza en Denver.
Denver, aún desequilibrado, no pudo defenderse y se desplomó en el suelo, palideciendo por el impacto del golpe.
—¡Denver!
—gritó Hadley horrorizada.
Al ver caer a Denver, se sintió abrumada por una sensación de fatalidad.
¿Acaso la desgracia se cebaba con todos los que le mostraban amabilidad?
Actuando por impulso, se interpuso entre Denver y Eric, intentando protegerlo.
Luego levantó los ojos hacia Eric. «¡Detente! ¡Todo lo que Denver te ha dicho es cierto!».
Con una mirada desesperada, se aferró de repente a las piernas de Eric. «¡Denver, corre! ¡Sal de aquí!».
«¿Hadley?», Denver se detuvo, reacio a marcharse. «¿Y si se vuelve contra ti?».
«¡No lo hará!», suplicó Hadley con urgencia. «¡Por favor, vete! No me pegará».
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Estaba segura de que Eric, a pesar de su temperamento impulsivo, no haría daño a una mujer.
—¡Vete ya! ¡Quedarte solo complicará más las cosas!
Ante sus insistentes súplicas, Denver fue finalmente apartado por su chófer.
Eric miró a Hadley, que seguía aferrada a sus piernas, sintiendo una profunda amargura crecer en su interior.
—¡Hadley! ¡Se supone que eres mi novia! ¿Cómo crees que se ve esto? ¿Acaso ya no me ves como tu novio?
La idea era insoportable. —Estuviste con Denver toda la noche. ¿Qué pasó exactamente entre ustedes dos? ¿Eh?
¿Acaso reflejaba el tiempo que habían pasado juntos, compartiendo abrazos, besos y más… La sola idea lo inflamaba de celos.
—¡Hadley! ¿Has perdido el juicio? ¿Llegar tan lejos por Denver? Si fuera realmente de fiar, no habría dejado que cayeras en la trampa de Wilma.
Su decepción era evidente, su mirada fría y distante.
—Eric.
El corazón de Hadley dio un vuelco, alarmado por la intensidad de su mirada.
¿Qué expresión era esa? Le recordaba a alguien que había pillado a su pareja engañándole. Así debía de sentirse Eric. Ella le agarró el brazo con ansiedad. —Por favor, tienes que creerme, ¡no te he traicionado! ¡De verdad que estuve toda la noche en el hospital!
—¿Ah, sí?
—¡Sí! —respondió Hadley, moviendo la cabeza enérgicamente.
—No, ¡eso no puede ser cierto!
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