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Capítulo 466:
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—¿Qué pasa?
—Hadley, Denver ha tenido un accidente —explicó Eric, con voz firme a pesar de las circunstancias—. Ahora mismo está en quirófano. ¿Quieres venir?
El nombre «Denver» conmocionó a Hadley. Apretó el teléfono con más fuerza, incapaz de responder de inmediato. La urgencia de la situación era evidente: tenía que estar allí.
Mientras tanto, Eric terminó la llamada con una sonrisa cansada. ¿Podría su silencio significar algo más que preocupación? Ni siquiera había colgado correctamente…
Hadley hizo su aparición.
Wilma estalló al verla. —¿Qué haces aquí? ¡Tu presencia solo ha traído problemas a Denver! ¡Debería estar a salvo en Srixby, no aquí tirado y herido, si no fuera por ti!
Hadley permaneció inmóvil, absorbiendo la furia.
—¡Fuera de aquí! —El dedo acusador de Wilma estaba casi en la cara de Hadley.
La oportuna intervención de Eric fue lo único que impidió una pelea. —Sra. Moran —dijo Eric con voz grave—, aún no se conoce el alcance de las lesiones de Denver. Supongamos… solo supongamos que él pregunta por ella.
Wilma dejó de gritar de repente.
La posibilidad flotaba en el aire: ¿podría negarle a su hijo su último deseo si llegara el caso?
—Ah.
Wilma se llevó la mano a la boca, con tono desesperado.
Eric no cedió. —Y no olvidemos, señora Moran, el papel que usted ha desempeñado en todo esto. Sus acciones son la razón por la que Denver se encuentra en este estado.
La expresión de Wilma se tambaleó y su tez se volvió pálida.
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Murmurando entre dientes, finalmente cedió: —Está bien, puede quedarse.
Eric exhaló, aliviado, y se centró en Hadley.
—¿Te ha hecho daño? —preguntó con preocupación.
Hadley dio un paso atrás, evitando su contacto, con la mirada fija hacia arriba, como perdida en otro mundo.
—Parece que cada vez que alguien me quiere, sufre… Mi madre murió cuando era pequeña, mi abuela falleció cuando yo tenía quince años y ahora Denver…
Su voz era una mezcla de resignación y reflexión distante.
Eric frunció el ceño, preocupado. —Hadley, no deberías pensar así.
Pero Hadley parecía perdida en sus pensamientos, apenas consciente de su presencia. —Siempre ha sido así… Nadie ha escapado del dolor una vez que entra en mi vida.
—Hadley…
Ella cerró los ojos con fuerza, bloqueando el mundo, envuelta en su soledad. En algún lugar de sus pensamientos, recordaba a Joy, otra alma que la amaba profundamente.
Hadley se preguntaba qué habría hecho para merecer tal destino. ¿Acaso no era digna de amor, o había algún pecado oculto por el que el universo hacía pagar a sus seres más cercanos?
A medida que avanzaba la tarde, el aire se volvió fresco.
Eric, al notar el frío, se quitó la chaqueta y se la puso sobre los hombros de Hadley antes de que ella pudiera rechazarlo.
La espera era angustiosa, pero finalmente, el cirujano salió.
—¿Cómo ha ido la operación? —Wilma se acercó al médico con urgencia.
—Está estable y en breve lo trasladarán a una habitación normal —respondió el médico.
La tensión de Wilma se disolvió en lágrimas de alivio. —¡Oh, gracias! —exclamó, con evidente alivio.
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