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Capítulo 450:
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Una vez hecho el pedido, Hadley se sintió obligada a expresar su gratitud. «Gracias, señora Moran».
«De nada», respondió Wilma, manteniendo su sonrisa, que ahora parecía tener un toque de arrepentimiento. «La última vez que nos vimos, admito que las cosas se torcieron. Actué precipitadamente y sin cortesía. Espero no haberla asustado».
«¡Por supuesto que no!», respondió Hadley, tomada por sorpresa, y descartó la preocupación con un gesto de la mano. «Solo fue sincera. No es nada que no pueda soportar».
—¿De verdad? —La expresión de Wilma se volvió curiosa—. Si cree que solo estaba siendo sincera, ¿significa eso que está pensando en no quedarse con Denver?
En ese momento, el camarero trajo el café con leche de avena y lo colocó delante de Hadley.
—Aquí tiene su café con leche.
—Gracias.
Hadley cogió la taza, pero dudó en beber.
Al observar su vacilación, Wilma entrecerró ligeramente los ojos. —Toma un sorbo y continuemos con nuestra conversación.
—Está bien —Hadley bebió a regañadientes.
En realidad, había preparado cuidadosamente su discurso de camino a la cafetería.
Mirando fijamente a Wilma, Hadley dijo: —Puede que no sea la pareja ideal para Denver según muchos criterios, pero no estoy en posición de hacer promesas.
—¿Qué estás insinuando?
La sonrisa de Wilma se desvaneció.
Hablando con más suavidad, Hadley dijo: —Sospecho que la verdadera razón por la que estás aquí no es para hablar conmigo, sino porque no has podido convencer a Denver. ¿Me equivoco?
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Wilma respondió con una mirada silenciosa e incómoda.
«Señora Moran», continuó Hadley, sintiendo que había tocado un punto sensible. «Denver se mantiene firme en su decisión y se niega a ceder a las presiones de su familia. Su afecto por mí es profundo y sincero».
«Perdóneme por ser tan atrevida, pero si Denver está de acuerdo, me gustaría mucho quedarme a su lado…».
«¡Basta!
La expresión de Wilma se ensombreció al instante, interrumpiendo a Hadley a mitad de la frase. Su mirada era tan afilada como cuchillos, clavándose en Hadley.
—¡Humph!
Wilma se burló, con un tono escalofriante en la voz.
—¡Qué descaro! ¿Cómo puedes ser tan desvergonzada? ¿Qué te da derecho a decir algo así?
Al sentir la tensión, Hadley se puso rígida y le empezaron a sudar las manos. —Lo siento, señora Moran, pero ¿ha pensado en lo que quiere Denver?
—¡Cállate! —La fachada de Wilma se derrumbó—. ¿De verdad crees que tienes derecho a hablarme así?
Hadley apretó los labios con fuerza.
Se dio cuenta de que era hora de marcharse.
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