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Capítulo 425:
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—Señor Flynn.
La puerta se abrió y Phillips entró.
Eric sabía que tenía algo importante que decir. Sin dudarlo, se puso de pie. Su mirada se posó en Hadley por un momento antes de susurrar: —Volveré pronto.
Naturalmente, ella no respondió. Estaba profundamente dormida.
Afuera, Eric se metió las manos en los bolsillos. —¿Qué has descubierto?
Phillips había estado investigando qué había causado la repentina enfermedad de Hadley. No era por sospecha, simplemente quería entender lo que había sucedido. Pero lo que Phillips descubrió fue inesperado.
—Hadley cenó con la compañía esta noche. Todos comieron la misma comida que les proporcionó el complejo turístico.
—¿Y solo Hadley se puso enferma?
—Exactamente. —Phillips asintió—. Pero hay un detalle. Una mujer llamada Alita Reed le dio un vaso de zumo. Por lo que he averiguado, lleva tiempo enfadada con Hadley.
La expresión de Eric se endureció.
—Entonces, le echó algo en la bebida.
No era una pregunta, era una conclusión.
Al oír la urgencia en la voz de Eric, Phillips comprendió inmediatamente la situación. —Señor Flynn, ¿tenemos que intervenir?
Eric asintió con un sutil movimiento de cabeza. —Sí.
Después de todo, no podía ignorar un riesgo tan importante cerca de Hadley. Este incidente había provocado un fuerte dolor abdominal durante un tifón que había paralizado todo el tráfico. La catástrofe se había evitado por los pelos gracias a su oportuna intervención.
La malicia de Alita era evidente.
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Al mismo tiempo, Denver se dirigía urgentemente al hospital.
—¿Ha ingresado alguien llamada Hadley recientemente?
—Sí, está en la sala de observación de urgencias 3.
—¡Gracias! —Denver expresó su gratitud.
Al entrar en la tranquila sala de observación, se acercó con cautela a la cama y se sentó a su lado. —Hadley…
Denver le tomó la mano con ternura, con voz baja y preocupada. —Siento haber llegado tarde… Me alegro de que estés bien… —Hubo un leve movimiento de la mano de Hadley dentro de la suya.
—¿Hadley? —La voz de Denver denotaba sorpresa—. ¿Me oyes?
Ella hizo una mueca de dolor y abrió los párpados. —Denver… ¿eres tú? —El dolor había nublado su conciencia, dejándole solo fragmentos de recuerdo de haber sido trasladada rápidamente al hospital.
Era inesperado, pero de alguna manera previsible. Solo Denver podía acudir en su ayuda de esta manera.
En medio de la tormenta, con todas las carreteras cortadas, solo él desafiaría las adversidades por ella.
—Sí, estoy aquí —confirmó Denver, con el rostro ensombrecido por la preocupación—. Siento haber tardado tanto. ¿Cómo te encuentras?
Su voz era débil, pero llena de calidez. —Mucho mejor, gracias. —Hizo una pausa, con una mezcla de confusión y gratitud en los ojos—. ¿Cómo has sabido que estaba en apuros?
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