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Capítulo 401:
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«No».
Nunca podría justificar gastarse tanto dinero en sí misma. Si hubiera sabido lo extravagante que era el regalo de Eric, nunca lo habría aceptado.
Cada noche, antes de la actuación, los miembros de la compañía de baile cenaban temprano.
Antes de que comenzara su ajetreada noche, Hadley y Elissa se desviaron rápidamente hacia la calle comercial junto al estudio para comer algo.
De regreso, una figura familiar apareció bajo la luz de una farola.
Denver estaba allí, alto y delgado, con una bolsa en la mano y la mirada fija en Hadley, que se acercaba lentamente.
Elissa miró de reojo a Hadley antes de excusarse con tacto.
—Yo voy entrando.
—Vale.
Sin poder evitar el encuentro, Hadley se detuvo frente a Denver, frunciendo ligeramente el ceño.
—Tú…
—Toma.
Antes de que pudiera terminar, Denver levantó la bolsa que llevaba en la mano, una vez más llena de postres del Red Shell Bistro.
Hadley no la cogió, sino que suspiró con exasperación.
—Denver, ¿de verdad quieres que me convierta en alguien que no soporto?
—Por favor, no te enfades —dijo Denver con suavidad, mirándola con cautela—. Solo quería verte.
—Denver…
—Me voy de Srixby. Esta noche.
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Antes de que ella pudiera decir nada más, antes de que pudiera cortarle con otro comentario frío, Denver se apresuró a hablar de nuevo.
—Ya no podré verte todos los días.
¿Qué? Hadley se quedó sin aliento. Su mente daba vueltas ante sus palabras.
—¿Qué quieres decir? ¿Adónde vas?
Denver captó el destello de preocupación en los ojos de Hadley y sonrió tranquilizadoramente.
—He encontrado trabajo. Un amigo mío ha montado una empresa y voy a incorporarme como socio técnico.
Sin el apoyo de su familia, lo único que le quedaba eran sus habilidades.
—Es una empresa pequeña, aún en sus inicios, con solo un puñado de empleados —explicó—. Hay mucho que hacer y tengo que ir a Tidebourne para reunirme con dos de nuestros posibles socios.
Hadley parpadeó, momentáneamente atónita.
No esperaba que actuara con tanta rapidez.
Un joven que había crecido rodeado de lujos y que ahora se enfrentaba a una vida desprovista de privilegios, pero que no había perdido ni un solo instante en compadecerse de sí mismo.
Vivía en un apartamento viejo y pequeño, pero nunca la había culpado. En cambio, había seguido adelante en silencio, decidido a labrarse su propio camino.
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