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Capítulo 371:
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«¡Denver!
Justo en ese momento, la voz de Hadley resonó, ligera pero teñida de nerviosismo. Apareció vestida con su traje de actuación, y la suave iluminación del pasillo iluminaba sus delicados rasgos.
—¡Hola, Hadley!
Una sonrisa un poco incómoda se dibujó en los labios de Denver mientras levantaba ligeramente el ramo. —¡Espero no interrumpir nada importante!
Hadley soltó una pequeña risa y negó con la cabeza.
—Para nada. De hecho… estoy un poco nerviosa ahora mismo. Llegaste justo a tiempo para distraerme.
Al oír la palabra «nerviosa», Denver se enderezó y una mirada de preocupación se reflejó en sus ojos.
—Oye, relájate. Lo tienes controlado. Vas a estar increíble.
No era la primera vez que la veía bailar.
Ya la había visto antes, observando cómo se transformaba bajo los focos, con naturalidad y elegancia.
—Ya me lo imaginaba.
Hadley le dedicó una cálida sonrisa y dirigió la mirada hacia el ramo que Denver sostenía en sus brazos. —¿Son para mí?
Denver no dudó y le ofreció las flores.
—Sí. Espero que tengas una actuación increíble.
No muy lejos, Eric permanecía de pie en las sombras, observando en silencio. Su expresión se ensombreció cuando su mirada se posó en Hadley y luego en Denver. Sin decir nada, apartó la vista y se alejó con paso firme.
Dentro del teatro, las luces se atenuaron.
Se levantó el telón y comenzó la actuación.
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Las luces del escenario se concentraron, proyectando un brillo etéreo sobre la intérprete en el centro.
Hadley estaba de pie, elegante, envuelta en su traje de actuación hecho a medida, con movimientos elegantes y sin esfuerzo. Sus largas piernas rectas irradiaban gracia, y su cintura, tan delicada que parecía que se podía rodear con una sola mano, se movía con fluidez al ritmo de la música.
A medida que la música iba creciendo, sus pasos se sincronizaban con precisión con cada golpe de tambor. De alguna manera, cada nota resonaba en el pecho de Eric, y una extraña y inquietante sensación le recorría la espalda, como si la música no solo estuviera sonando, sino golpeando algo muy profundo dentro de él.
Y entonces, cuando la última nota se desvaneció en el aire, ella se detuvo. Con una sonrisa radiante, se volvió hacia el público.
La reacción fue instantánea. Aplausos atronadores. Vítores. El aire vibraba con una admiración electrizante.
«¡Bravo!», exclamó Denver, incapaz de contenerse. Se puso en pie de un salto y juntó las manos con entusiasmo desenfrenado.
Entonces, Hadley miró en su dirección. Con una sonrisa deslumbrante, levantó una mano y saludó, con una alegría inequívoca en su expresión.
Y entonces… saltó. Solo un pequeño salto sobre las puntas, juguetón, como para asegurarse de que Denver la viera.
—Hadley…
Denver se quedó allí, paralizado, completamente atónito.
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