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Capítulo 366:
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La ciudad del cine no era solo un centro de rodajes, sino también una animada atracción turística, casi como un parque temático, repleta de bulliciosos puestos de comida y del irresistible aroma de los aperitivos locales.
Hadley llevó a Denver a una animada calle de comida escondida a la vuelta de la esquina, mientras sus ojos exploraban las infinitas opciones.
—¿Ves algo que te guste? —le preguntó, mirándolo.
Denver se encogió de hombros, con las manos en los bolsillos, más concentrado en ella que en la comida. —Pide lo que quieras.
Hadley no dudó. —¿Qué tal unas galletas? —preguntó con una sonrisa—. Conozco un lugar donde tienen las mejores galletas.
—¡Una caja de galletas, por favor! —le dijo al vendedor.
—¡Enseguida!
Cuando le entregaron los dulces recién horneados, Hadley pagó y le ofreció la caja a Denver.
Malinterpretando el gesto, Denver se inclinó instintivamente y le dio un mordisco rápido, pero se echó hacia atrás al instante.
—¡Maldita sea! ¡Está caliente! —exclamó, llevándose la mano a la boca. Sin embargo, se negó a escupirlo y decidió aguantarse el dolor.
Hadley se echó a reír, incapaz de ignorar lo divertido que le resultaba ver su reacción frenética y apenas contenida.
Denver le lanzó una mirada juguetona. —¿Te estás riendo de mí?
—No, no… —Hadley apretó los labios, fingiendo inocencia, aunque la diversión en sus ojos la delató—. ¿Está bueno?
—Sí —murmuró él, bajando la voz. La expresión de Denver se suavizó y esbozó una sonrisa cuando finalmente tragó saliva. Dulce. Cálido. Igual que ella.
A la noche siguiente, en Poseidon’s Realm, Eric y Barrie estaban jugando una partida informal de billar, ya que habían llegado los primeros.
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Al poco rato, entró Marshall, seguido de Denver. Eric miró a Denver y arqueó ligeramente las cejas. ¿Qué hacía Denver allí?
¿No debería estar con Hadley? ¿No se suponía que las parejas pasaban las tardes juntas?
—Eric. Barrie —los saludó Denver con su habitual actitud tranquila al entrar, y luego se volvió directamente hacia Barrie—. Gracias por ayudar con la situación de Hadley. ¿Sabes por casualidad qué le gusta a tu madre? Quiero hacerle un regalo de agradecimiento.
Barrie parpadeó, desconcertado por un momento. —¿Qué situación? —preguntó, desconcertado—. ¿Qué regalo de agradecimiento?
Denver ladeó ligeramente la cabeza. —Hadley ha podido volver al grupo de baile gracias a la ayuda de tu madre.
¡Ah!
Barrie entrecerró ligeramente los ojos, sorprendido. Era una novedad para él. Desvió la mirada hacia Eric, pero este no reaccionó. Se preparó para el siguiente tiro, completamente concentrado en el juego, con el rostro impasible.
Barrie no necesitaba más explicaciones. Lo entendía. Una lenta sonrisa de complicidad se dibujó en sus labios. —Ah, eso. Solo fue un pequeño favor —dijo Barrie con ligereza—. No hace falta que seas tan formal.
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