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Capítulo 354:
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De camino a casa, Denver aprovechó la oportunidad para saber más sobre el incidente.
«¿Puedes contarme qué ha pasado esta noche? ¿Cómo te has hecho eso en la mano?».
Acariciando su mano vendada, Hadley decidió no revelar el acoso que había sufrido.
En su lugar, explicó: «Estaba cenando con el equipo de rodaje cuando se rompió un vaso. Me corté al recoger los trozos». Presentó el incidente como un simple accidente.
Denver, que seguía buscando más respuestas, preguntó: «¿Cómo te topaste con Eric?».
Hadley dudó.
«La verdad es que no lo sé, Denver», dijo. «Me topé con él justo cuando salía. Quizás estaba allí cenando, como tú». Dado que Poseidon’s Realm era un lugar muy frecuentado por gente de negocios, su explicación no era nada fuera de lo normal.
«Sí, eso tiene sentido», reconoció Denver, tranquilizándose. Creía que la presencia de Eric era solo una coincidencia y no un intento de volver a conectar con Hadley.
Aliviado, Denver acompañó a Hadley hasta la puerta de su apartamento.
—Hadley.
Ella se detuvo, sin saber si Denver tenía intención de entrar.
Con una sonrisa amable y la mirada desviada, Denver expresó su preocupación.
—Hadley, lamento mucho que te hayas hecho daño, pero… —De su mirada emanaba una sinceridad cálida—. En realidad, ahora mismo me siento muy feliz.
Hadley, sorprendida, se preguntó cuál era el motivo de su alegría.
Denver la miró a los ojos, reflejando su imagen en los suyos. —Es porque cuando viste a Eric, no te fuiste con él. En lugar de eso, me llamaste. Saber eso me llena de alegría, Hadley. No puedo expresarte lo mucho que significa para mí.
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La idea de que el primer instinto de Hadley fuera recurrir a él cuando estaba en apuros emocionaba a Denver.
—Hadley.
La mirada de Denver se clavó en la de ella, firme e inquebrantable. —A partir de ahora, pase lo que pase, igual que esta noche, llámame primero.
Su voz era firme, sin dejar lugar a discusiones. —No me importa dónde esté ni qué esté haciendo. Lo dejaré todo y acudiré a ti.
Hadley se quedó paralizada, tomada por sorpresa.
Una tranquila calidez se extendió por su pecho, extraña pero indudablemente real. Ser una prioridad así, ser la primera llamada de alguien, era un sentimiento que nunca pensó que experimentaría.
Antes de esa noche, ni siquiera se habría atrevido a esperarlo.
Pero Denver… él la hacía sentir como si, en su mundo, ella fuera lo más importante.
—Es tarde. Debería irme. Descansa.
Sin querer entretenerse, Denver se despidió con un pequeño gesto.
—Buenas noches —murmuró Hadley, con un hilo de voz, mientras cerraba suavemente la puerta tras él.
Unos instantes después, su teléfono vibró.
Era un mensaje de Denver: «Mantén la herida seca. No te olvides de tomar la medicina».
Hadley sintió un pinchazo en la nariz y las lágrimas brotaron antes de que pudiera contenerlas.
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