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Capítulo 339:
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Un dolor sordo se instaló en su cabeza. Pero eso ya no importaba. Aunque descubriera la verdad, ¿qué más daba? Esta vez, no podía culpar a nadie más que a sí misma.
Hadley apenas salió de su apartamento ese día, sumida en el peso silencioso de sus pensamientos. Por la noche, sonó su teléfono.
La voz de Denver sonó tan informal como siempre. —Hadley, estoy fuera del estudio. ¿Cuándo sales?
Ella se movió en la cama, con un tono de voz apagado por el cansancio. —No estoy ahí.
—¿Qué? —Denver parecía sorprendido—. ¿Ya te has ido? ¿Han terminado pronto los ensayos?
Sabía lo duro que había estado trabajando. En solo unos días, se iba a subir al escenario.
—Sí —murmuró ella. Su voz carecía de su chispa habitual—. Escucha, si eso es todo, voy a colgar. —Sin esperar respuesta, cortó la llamada.
Denver se quedó mirando su teléfono, frunciendo el ceño. Algo no iba bien. Hadley sonaba distante, casi derrotada. No era propio de ella.
Una sensación inquietante se apoderó de él y, antes de poder pensarlo dos veces, giró el coche hacia West Twelfth Alley.
Hadley seguía en la cama, sumida en sus pensamientos. Cuanto más pensaba en su despido, peor se sentía.
Un golpe repentino en la puerta la sacó de su ensimismamiento. Dudó. —¿Quién es?
Se levantó con esfuerzo y se arrastró hasta la puerta. Cuando la abrió, se quedó paralizada por la sorpresa.
—¿Denver?
—Hadley.
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Era la primera vez que iba a su casa. Incluso se había perdido tratando de encontrar el piso correcto, y el sudor que brillaba en su frente lo dejaba claro.
Pero en cuanto vio su rostro, sus sospechas se confirmaron. —Sonabas muy alterada por teléfono. ¿Qué pasó?
Hadley no esperaba que apareciera solo por una llamada.
—Denver…
Una oleada de calor le recorrió el pecho, pero se desvaneció rápidamente cuando se dio cuenta de la realidad. Exhaló lentamente y admitió: —La he fastidiado. La señora Nicolson me ha echado de la compañía.
Denver se quedó paralizado por un segundo. —¿Qué?
La noticia le golpeó con fuerza. No era solo una mala noticia, era devastador. El Lightning Dance Studio era una de las plataformas más prestigiosas para bailarines contemporáneos. Hadley estaba a punto de dejar huella. ¿Y ahora la habían echado?
—Lo siento, Denver. —Su voz era tranquila, como si no quisiera compasión, solo reconocimiento. Compartir la verdad ya era bastante difícil. Nada podía aliviar el peso que la oprimía.
—Ahora mismo no tengo fuerzas para nada. Solo quiero estar sola. Pero… gracias por preocuparte. Lo siento.
—No pasa nada.
Denver negó con la cabeza y hizo un gesto con la mano para que no se preocupara. —Lo entiendo.
Hadley dudó un segundo, pero no se apartó para dejarle pasar. —Bueno… Supongo que nos veremos por ahí.
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