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Capítulo 319:
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Hadley negó inmediatamente con la cabeza. —No puedo aceptar dinero.
Su rechazo no era una muestra de orgullo obstinado. Cuando estaba desesperada años atrás, la familia Flynn le había abierto generosamente las puertas de su casa. La habían cuidado de verdad, sin esperar nada a cambio. Casarse con Eric siempre le había parecido su forma de devolverles su amabilidad. Aceptar dinero ahora le parecía traicionar ese principio.
La frustración se apoderó de la voz de Eric, que gritó: «¡Cógelo si te lo ofrezco!».
Anticipando otro rechazo, se apresuró a explicar con voz fría y distante: —Considéralo un regalo de mí para mi exmujer. No tiene nada que ver con mi familia ni con mi abuela.
Desconcertada, Hadley dudó, sin saber cómo responder a tanta insistencia.
—Que firme de una vez —murmuró Eric con irritación.
Buscó sus cigarrillos, pero recordó que estaba prohibido fumar dentro del juzgado.
—Voy a salir a fumar —dijo bruscamente, alejándose para buscar la zona habilitada.
—Hadley —dijo Cristian con suavidad, ofreciéndole un bolígrafo—. Por favor, firma esto. Sin tu firma, es posible que no puedas finalizar el divorcio hoy.
Tenía razón.
—De acuerdo —aceptó ella a regañadientes, cogiendo el bolígrafo y firmando diligentemente cada uno de los documentos que le presentaban.
—Aquí —dijo Cristian, entregándole un tampón de tinta.
«También tienes que estampar tu huella dactilar».
«De acuerdo».
Hadley obedeció con cuidado, terminó rápidamente y buscó un pañuelo de papel para limpiarse los dedos cuando Eric volvió a entrar en la sala.
Cristian revisó los documentos con atención. «Todo parece estar en orden. Procedamos».
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El proceso de divorcio de Hadley y Eric, sin disputas por la propiedad ni la custodia, concluyó rápidamente gracias a su acuerdo amistoso.
El secretario entregó los certificados de divorcio. —Esto es para ustedes —dijo.
—Gracias —respondieron ambos.
La mano de Hadley temblaba ligeramente, delatando sus emociones. Eric se preguntó si ella estaba realmente tan feliz de dejarlo. Al observarla, una mezcla de emociones se agitó en su interior. Había esperado años para este divorcio, pero parecía que Hadley era la única que se sentía verdaderamente libre.
«Bueno, pues…», dijo Hadley, guardando el certificado en su bolso y esbozando una leve sonrisa. «Me voy».
«Hadley», la llamó Eric, deteniéndola.
«¿Sí?», respondió Hadley, sin mostrarse intimidada, mirándolo con una expresión abierta y alegre. «¿Algo más?».
«Lo siento».
Hadley se detuvo, visiblemente sorprendida. ¿Eric se estaba disculpando de verdad?
Eric frunció el ceño, delatando su incomodidad, pero logró esbozar una sonrisa autocrítica.
—¿Por qué me miras así? Soy consciente de que no fui el mejor marido.
Hadley permaneció en silencio. No todas las disculpas merecen perdón.
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