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Capítulo 309:
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«Hadley…».
Apretó con fuerza el brazo de Denver. «Tenemos que llevarte al médico».
Denver intentó tranquilizarla. «Estaré bien».
Pero Hadley no estaba convencida. «No, no lo estarás».
Intentaron pasar, pero Eric se interponía en su camino, con una presencia intimidante.
«Apártate», exigió Hadley, evitando la mirada de Eric.
Eric pareció vacilar ante sus palabras, como si le hubieran propinado un golpe físico, y se quedó clavado en el sitio, conmocionado.
—¿Te niegas a apartarte?
Hadley se burló con frialdad. —Eric, ¿de verdad crees que la influencia de tu familia te da tanta libertad?
Levantó la cabeza desafiante y miró a Eric a los ojos.
«Muy bien. Si ese es el camino que eliges, tendrás que pasar por encima de mí. Mientras Denver y yo sigamos respirando, permaneceremos juntos». Cerró los ojos brevemente y entrelazó su brazo con el de Denver.
«Hadley…
A pesar de su incomodidad, Denver se colocó firmemente a su lado. «Eric, escucha a Hadley. No vamos a ceder. Nuestro amor es profundo y nada, salvo la muerte, nos separará».
Estas declaraciones parecieron desanimar a Eric.
Su determinación pareció desvanecerse al observar a Hadley y Denver, unidos y resueltos, como si estuvieran destinados a estar juntos. Eric se cuestionó su lugar en este drama que se estaba desarrollando.
A medida que su ira aumentaba, la unión de Hadley y Denver parecía consolidarse. Sus esfuerzos por Hadley ahora parecían inútiles, totalmente ignorados. Una risa triste se le escapó, sintiéndose como si fuera el blanco de una broma cruel.
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Finalmente, Eric cedió y se hizo a un lado con un gesto que les permitió marcharse.
Reconociendo su derrota, admitió que dejarlos marchar era su única opción.
Los ojos de Hadley brillaron brevemente con determinación mientras apretaba con fuerza el brazo de Denver. «¡Vamos!».
«Sí», asintió Denver.
Juntos, se alejaron rápidamente, dejando atrás a un Eric solitario.
Mientras observaba su espalda alejándose, una chispa de ira se encendió en su interior.
Abrumado por la emoción, la voz de Eric resonó una vez más. —¡Hadley!
Al oírlo, Hadley se detuvo sin volverse. —Una última pregunta…
La expresión de Eric seguía siendo indescifrable mientras se concentraba en la figura de Hadley. —¿Todo lo que has dicho esta noche es verdad? ¿De verdad amas a Denver?
«Sí», respondió Hadley al instante, con determinación.
Hadley sabía que incluso un atisbo de vacilación podría arruinar toda la puesta en escena de la noche. «Amo a Denver».
Tras una fugaz mirada a Denver, Hadley lo agarró del brazo y se marcharon sin mirar atrás.
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