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Capítulo 302:
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Estaba claro que la hostilidad de Eric hacia él no era fingida. Realmente veía a Denver como una amenaza.
Mientras Denver observaba la reacción de Hadley, las cosas empezaron a encajar. «¿Esto significa que Eric está tomando decisiones por su cuenta y tú no sientes lo mismo?».
Hadley no esperaba que Denver fuera tan perspicaz. Se quedó callada, pero la expresión de su rostro lo decía todo.
«Tenía razón, ¿verdad?».
La frustración lo invadió. Golpeó el volante con la mano. —¡Eric ha cruzado la línea!
Los sentimientos deben ser mutuos. Nadie tiene derecho a obligar a otra persona.
—Pero… —Denver luchaba por comprender—. ¿Por qué huyes? ¿No puedes hablar con él?
—¿Hablar con él?
Hadley soltó una risa hueca, con el peso de su pasado presionándole el pecho.
—No es la primera vez…
—¿Qué? —Denver se quedó paralizado—. Espera. ¿Estás diciendo que Eric y tú…?
Hadley cerró los ojos y asintió lentamente.
Su matrimonio con Eric no había sido más que un plan cuidadosamente elaborado por la familia Flynn.
A los veinte años, era demasiado ingenua para darse cuenta. Ahora, cuatro años después, la verdad era como una vieja herida que nunca había cicatrizado. ¿Les guardaba rencor?
¿Cómo no iba a hacerlo?
Los votos forzados. La humillación delante de todos.
Y, sin embargo, a pesar de todo, los Flynn habían sido más amables con ella que su propia familia.
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Hadley era una mujer abandonada por su propio padre. Tras perder a su abuela, Hadley le había suplicado que la acogiera.
Solo tenía quince años.
Lo único que quería era alguien a quien llamar familia.
Pero él le había dado la espalda sin pensarlo dos veces.
Al final, Nyla había tendido la mano a Hadley y la había acogido en la casa de los Flynn. Le dio comida, un lugar donde quedarse y la envió a la escuela. Y lo más importante, apoyó a Hadley para que continuara con la danza. Sin la familia Flynn, ¿cómo habría sobrevivido una huérfana de quince años?
Hadley siempre estaría agradecida por su amabilidad. Por eso, incluso cuando la hacían daño, no tenía más remedio que aguantar.
Al recordar todo lo sucedido, soltó una risa suave y hueca. Las lágrimas brillaban en sus ojos. —Ernest está despierto. Yo… yo… —Las palabras se le atragantaron en la garganta.
—Lo entiendo —dijo Denver con voz suave—. No tienes que dar explicaciones. Ya lo sé.
No quedaba nada por preguntar.
Esa misma mañana había ido al hospital a ver a Ernest, que acababa de recuperar la conciencia. Fue entonces cuando encontró a Hadley, huyendo angustiada. La familia Flynn…
Ni siquiera alguien tan paciente como Denver podía mantener la calma. «¿Están utilizando la bondad del pasado para exigirte algo, sin tener en cuenta lo que tú quieres?».
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