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Capítulo 273:
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La multitud estalló en exclamaciones de alegría, murmullos y susurros. ¿Una escena como esta en mitad de la noche? Era como algo sacado de una serie.
Hadley, sin embargo, sintió cómo se le helaba la sangre. —¡Eric! ¡Bájame ahora mismo!
—Ni lo sueñes. Ni siquiera la miró. —Nunca me escuchas, ¿por qué demonios debería escucharte yo a ti?
—¡Tú…!
Todo su cuerpo se tensó por la rabia. Era más que frustrante: ¿cómo era posible que alguien fuera tan imposible?
Luchó contra su agarre, retorciéndose entre sus brazos. —¡Suéltame! ¡Bájame ahora mismo!
—Deja de retorcerte.
Eric soltó un profundo suspiro, dándose cuenta de que ella solo acabaría haciéndose daño si seguía luchando. A regañadientes, la volvió a bajar.
En cuanto sus pies tocaron el suelo, lo empujó a un lado y corrió hacia la cola, pero ya había perdido la oportunidad.
Muchos otros estaban cerca, merodeando por los bordes, con los ojos fijos en la escena, esperando su oportunidad para actuar.
En el momento en que Eric la apartó, la cola avanzó sin dudarlo. Había perdido su lugar.
Si quería volver a hacer cola, tendría que empezar desde el final. Y con solo veinte unidades disponibles… ya no tenía ninguna posibilidad.
Hadley estaba furiosa. Eric era la causa de todos sus problemas.
Dándose la vuelta, Hadley se abalanzó sobre él y le agarró de la camisa. Sus ojos, rojos y furiosos, lo clavaron en el suelo.
—¿Por qué me haces esto? ¿No puedes dejarme en paz?
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Su hija estaba a punto de someterse a una operación. Aunque no lo decía, el miedo era real; Mathias se lo había advertido: la cirugía siempre era una apuesta arriesgada. Ningún cirujano podía prometer un resultado perfecto.
Y si, Dios no lo quiera, algo le pasaba a Joy…
Hadley tenía que asegurarse de que Joy recibiera su muñeca Minnie antes de la operación.
—¡Tú has causado este desastre! —Las lágrimas corrían por las mejillas de Hadley mientras temblaba incontrolablemente—. ¡Todo se ha arruinado! ¡No quiero volver a verte nunca más! ¡Vete de aquí!
En un ataque de rabia, le golpeó con los puños y le dio patadas furiosamente. Eric no hizo ningún movimiento para defenderse, no porque nunca golpearía a una mujer, y menos aún a su mujer, sino porque estaba completamente desconcertado.
No había previsto que Hadley se derrumbara por un juguete.
Era solo un juguete, pero sus lágrimas fluían como si hubiera perdido a un ser querido.
—Hadley, por favor, cálmate —dijo, tratando de consolarla.
—¡Fuera de mi vista! ¡No te quiero aquí! ¡Por favor, déjame en paz!
—Hadley…
Al darse cuenta de que era imposible consolarla, Eric decidió actuar.
La tomó en brazos y la acunó como a una niña. Hadley se quedó estupefacta.
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