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Capítulo 254:
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El cuerpo de Denver se tensó. —¿Por qué debería hacerlo?
—Porque…
La mirada de Eric se intensificó, una señal que solo otro hombre podía entender realmente. Era la mirada clara de un depredador, lanzando una advertencia territorial a un rival que entraba en su territorio. Con deliberada claridad, Eric dijo: —Ella me pertenece.
Denver se quedó paralizado, con la incredulidad grabada en su rostro. —Pero estás divorciado de ella.
Ese hecho era irrefutable.
Denver conocía los detalles por sus amigos: Eric llevaba cuatro años tramando el divorcio. El plan siempre había sido que, una vez que Hadley regresara, se finalizarían los trámites.
Imperturbable, Eric arqueó una ceja. —Eso fue en el pasado. Lo hemos superado. Volvemos a estar juntos.
¿Volvéis a estar juntos?
Eso no tenía sentido.
Con expresión desconcertada, Denver respondió: —Pero Nyla me dijo hace solo unos días que fuera tras ella.
La risa de Eric cortó el aire con brusquedad.
—Eso fue antes. Nos hemos reconciliado hace poco.
Esa decisión era suya, al menos. Por lo que a él respectaba, Hadley acabaría viendo las cosas a su manera.
Denver abrió la boca para responder, pero se quedó sin palabras.
—¿Tienes más preguntas?
El tono de Eric era informal, casi como el de un hermano mayor que da consejos sobre la vida, pero la hostilidad en sus ojos era inconfundible.
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—Adelante, pregunta. Tengo tiempo —añadió Eric.
Denver se quedó en silencio.
¿Qué más podía decir?
—Ah, claro. —Eric pareció recordar algo de repente—. Antes me preguntaste cómo sabía que ella no estaría aquí esta noche, ¿verdad?
Una lenta sonrisa divertida se dibujó en sus labios. —No es solo por esta noche, no va a volver nunca más.
Con esas palabras, Eric se dio la vuelta y se marchó.
Atónito, Denver se quedó donde estaba.
Ahora todo tenía sentido.
Hadley ya no tenía que luchar tanto. Estaba de nuevo con Eric. ¿Lo más amargo para Denver? Él podría haberle ofrecido la misma tranquilidad.
Pero había llegado un momento demasiado tarde.
De vuelta en la mesa, Eric mantuvo la compostura, mientras Denver se sumía en el silencio.
Siempre era callado, así que Marshall y Barrie no notaron el cambio. Al cabo de un rato, Eric miró su reloj. —Tengo que ocuparme de algo. Me voy.
—¿Tan pronto?
—Sí, me esperan en otro sitio. —Eric se levantó y se dispuso a marcharse.
Marshall se rió entre dientes. —¿Estamos hablando de Linda?
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