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Capítulo 2322:
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Una mañana temprano, Hadley se dirigió al hospital para ver cómo estaba Savannah. Las cosas no habían mejorado mucho desde aquella horrible noche. Savannah seguía frágil y ahora habían empezado a surgir otros problemas de salud.
Cuando Hadley entró en la habitación, Savannah acababa de recibir una inyección y ya se había quedado dormida.
Neville y Hadley conversaron en voz baja durante unos minutos.
«Está luchando más de lo que deja entrever…», dijo Neville con un suspiro de cansancio. «Hace poco le operaron de la vesícula biliar y ahora este contratiempo…».
Hizo una pausa antes de añadir: «He estado pensando en traerla de vuelta a casa».
¿Ya se iban?
La pregunta se le escapó a Hadley antes de que pudiera evitarlo. «Pero ¿qué pasa con Elissa…?»
Una leve y dolorida sonrisa se dibujó en el rostro de Neville. «Ha pasado demasiado tiempo. Creo que todos estamos empezando a aceptar la verdad».
Aunque nadie lo dijo en voz alta, la realidad pesaba sobre ellos: Elissa no iba a volver. Aun así, la vida tenía que continuar para los que se quedaban.
—Tengo que llevar a Savannah a casa. Necesita cuidados constantes y un entorno más tranquilo. Señorita Pearson, ¿estaría dispuesta a ayudarnos con algo?
—Por supuesto —respondió Hadley sin dudarlo—. Solo dígame qué necesita.
—Se trata de Elissa —dijo Neville en voz baja, con la voz ronca, mientras bajaba la mirada.
—Lo único que le pido es que, si la encuentra, nos lo diga inmediatamente. Eso es todo.
No hacía falta que lo dijera explícitamente, pero estaba claro que se refería a los restos de Elissa. El significado de sus palabras quedó claro para todos, aunque ninguno lo explicara con más detalle.
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Neville exhaló un suspiro de cansancio. —Me aseguraré de llevarme a Elissa conmigo. Su familia está aquí, en Ontmond. Ahí es donde debe estar.
A Hadley se le hizo un nudo en la garganta y, al principio, no pudo articular palabra. Con esfuerzo, logró asentir ligeramente con la cabeza. —Puede confiar en mí, señor Brown.
Neville le dio una palmadita en el hombro. —Gracias. Esto es más importante de lo que imagina.
«De nada».
Una vez que Hadley salió del hospital, una tristeza aún más profunda le oprimía el pecho.
La luz del sol se filtraba desde arriba, quemándole los párpados y obligándola a cerrar los ojos. Los apretó con fuerza, esperando contener las lágrimas que amenazaban con derramarse.
Todo parecía un extraño sueño. La muerte de Elissa era algo que su mente aún se negaba a aceptar.
Después de salir del hospital, se dirigió a la mansión Flynn.
A esa hora, Ernest y Locke estaban sentados a la mesa desayunando.
Sin embargo, Locke se negaba a tocar la comida y se sentaba allí con el ceño fruncido.
«¿Por qué no comes?», preguntó Ernest, dando unos golpecitos en el borde del plato de Locke. «Sigue y termina tu desayuno. Tengo que llevarte al colegio pronto».
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