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Capítulo 2267:
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Locke. Su precioso niño.
Al detectar la vacilante determinación de su hija, Savannah dio un paso al frente inmediatamente. «¡Elissa, ignora su manipulación! ¡Está utilizando al niño como arma para atraparte! ¡Al final, volverá a arrastrarte a su lado!».
Elissa comprendía esta verdad con dolorosa claridad.
Miró los brazos que la rodeaban, con voz suave pero firme. «Suéltame. Independientemente de lo que digas, no cambiaré mi decisión. La semana que viene me iré a Ontmond con mi madre».
«¿Elissa?». La expresión de Ernest se volvió tormentosa, sus rasgos normalmente controlados ahora consumidos por el caos emocional. «No, no lo harás. ¡No puedes abandonar a Locke!».
«¡Ya basta!». Elissa levantó las manos y se liberó a la fuerza de su agarre. Se giró para enfrentarse a él, con una expresión congelada y una determinación gélida.
En ese momento, el gimnasio se sumió en un silencio absoluto. Los espectadores lanzaban miradas furtivas en su dirección, atraídos por el drama que se estaba desarrollando.
Ver a alguien como Ernest Flynn, un hombre de su elevada posición, humillarse ante una mujer en una súplica desesperada era un espectáculo extraordinario. Sin embargo, la mujer permanecía inmóvil, completamente indiferente a sus súplicas.
«¡Ya no hay nada que puedas hacer!», dijo Elissa con una voz que cortaba el aire como el viento invernal. «Nada cambiará mi determinación. Si me querías tanto… ¿por qué me abandonaste?».
Lo despreciaba y la amargura la consumía por la crueldad que le había infligido el destino.
Había imaginado una vida maravillosa por delante.
En algún momento se había convencido a sí misma de que, tras sobrevivir a un matrimonio tortuoso, por fin había llegado la felicidad auténtica.
Había imaginado permanecer al lado de Locke, el niño al que le debía todo, presenciando su crecimiento y colmándolo del amor que realmente se merecía.
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«¡Eres tú!», exclamó con voz quebrada, mientras las lágrimas caían en cascada por sus mejillas. «¡Lo has arruinado todo!
¡Tú eres quien ha hecho que todo eso sea imposible! ¡Tú eres quien me ha obligado a decepcionar a mi hijo! ¡Tú eres quien ha aniquilado nuestro futuro!».
Ernest abrió los labios, pero se quedó completamente sin palabras.
Savannah, que estaba cerca, sintió un profundo alivio. Reconocía la agonía de Elissa, pero al menos su hija había perseverado durante la confrontación.
Se acercó y apartó con ternura a Elissa de Ernest.
Pasando su brazo por el de Elissa, Savannah le ofreció un suave ánimo. «Te has comportado magníficamente. Vámonos».
Elissa logró una respuesta entrecortada, asintiendo con la cabeza a pesar de que las lágrimas le nublaban la vista.
Se marcharon, con las manos entrelazadas en señal de apoyo mutuo.
Esta vez, Ernest no intentó perseguirlos. Permaneció inmóvil, observando en silencio su retirada. Ahora lo entendía con total claridad.
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