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Capítulo 2235:
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Los guardaespaldas le bloquearon el paso, sin saber si dejarla pasar. Hadley miró a Eric con expresión confusa. «¿Por qué has llegado tan pronto? Aún no he terminado de grabar…».
Sus ojos se posaron en Chelsey, que yacía desplomada en el suelo. «¿Chelsey?». »
Volviéndose hacia Eric, le tomó del brazo. «Dime qué está pasando».
«Déjame explicarte».
«¿Qué está pasando…?
Eric la rodeó con un brazo para tranquilizarla y la guió suavemente hacia la habitación. Decidió que no tenía sentido ocultar la verdad: Hadley merecía respuestas y necesitaba saber que su enfermedad no era casual.
«Te has estado poniendo enferma porque Chelsey te ha estado envenenando a tus espaldas». La voz de Eric era firme mientras miraba a Chelsey. «Ha estado echando la toxina en tu café».
Hadley se quedó paralizada, incapaz de procesar lo que acababa de oír.
Sus ojos se posaron en Chelsey, con la voz temblorosa. «¿Por qué has hecho esto?».
«¡Hadley!», exclamó Chelsey, rompiendo a llorar de repente. «¡Lo siento mucho! ¡Nunca quise hacerte daño!».
Hadley se quedó completamente conmocionada.
La revelación la golpeó como un puñetazo: ¿su enfermedad se debía a las acciones de Chelsey? ¿La chica en la que había confiado la había envenenado deliberadamente?
«¿Me estás diciendo la verdad?».
Chelsey lloraba desconsoladamente, desplomándose en el suelo arrepentida. —Yo soy el monstruo aquí, Hadley… ¡No me mostraste más que amabilidad y yo te pagué con traición!
—Mírala… —La mente de Hadley seguía rechazando la imposible verdad. ¿Cómo podía alguien tan frágil y de corazón tan puro cometer una traición tan devastadora? Sus dedos se aferraron desesperadamente a la manga de Eric. «Por favor, dime que todo esto es un terrible malentendido».
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La negación consumía sus pensamientos: le había abierto su corazón a Chelsey, la había tratado como a una familia.
«Hadley». Eric leyó la angustia reflejada en su rostro. Su expresión se endureció mientras negaba con la cabeza con severidad. «Su inocencia no es más que una máscara elaborada. Cada palabra que ha dicho ha sido una mentira calculada».
Su voz se volvió más fría con cada revelación. —No existe ninguna madre moribunda, nunca la tuvo. Pero sí tiene un padre, y es un adicto al juego que ha sumido a la familia en una deuda aplastante.
Chelsey se llevó las manos a la cara, la vergüenza le impedía mirar a los ojos devastados de Hadley.
Las últimas piezas del horrible rompecabezas encajaron en su sitio para Hadley.
El vacío se apoderó de su pecho mientras susurraba con voz quebrada: «¿Esto es lo que es real? ¿Esto es lo que eres?».
Las lágrimas corrían por las mejillas de Chelsey como un torrente, y su voz se quebraba con cada palabra. «Sí… Todo eso era yo… Yo te hice esto… Perdóname, Hadley. Por favor, perdóname».
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