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Capítulo 2233:
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Poco después, Tamara también se levantó. «Voy a salir un momento. No iré muy lejos. Si me necesitas, llámame».
«De acuerdo…».
Hadley empezó a responder, pero Tamara se había ido antes de que pudiera terminar.
A solas en la habitación, Hadley se sintió cada vez más confundida. Tanto Chelsey como Tamara parecían estar actuando de forma extraña ese día.
Mientras tanto, Tamara se deslizó por el pasillo y llamó inmediatamente a Phillips para informarle.
«Tamara, no pierdas de vista a Chelsey. Podría intentar escapar».
«Entendido».
En ese momento, Phillips seguía esperando que el laboratorio del hospital enviara los resultados.
Antes, Tamara había cambiado en secreto el café que Chelsey le había dado a Hadley por una taza idéntica que había preparado de antemano. La taza real había sido enviada para su análisis inmediato.
El sustituto de Tamara no era más que café normal, pero el agudo instinto de Hadley había detectado que algo no estaba bien en cuanto lo probó. Chelsey debió de notar el cambio, lo que significaba que tenían que permanecer alerta.
Gracias a la previsión de Phillips, Chelsey no tendría oportunidad de escapar. El hospital aceleró el proceso de análisis para garantizar que los resultados llegaran rápidamente.
Cuando por fin sonó el teléfono de Phillips, este miró instintivamente a Eric, quien le hizo un ligero gesto con la cabeza.
«Adelante. Contesta».
Phillips aceptó la llamada y activó el altavoz. «¿Hola?».
«Sr. Brown», dijo la voz del médico, tranquila pero firme. «Los análisis de sangre avanzados confirman la presencia de…».
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Enumeró una serie de términos técnicos, cada uno de los cuales coincidía con la misma sustancia identificada anteriormente en el torrente sanguíneo de Hadley.
«Gracias, doctor», dijo Phillips de inmediato antes de terminar la llamada.
Se volvió hacia Eric con una mirada firme. «Sr. Scott, ¿cuáles son sus órdenes?».
Una risa amarga se escapó de los labios de Eric, aunque sus ojos estaban fríos como el hielo. —Chelsey realmente se ha superado a sí misma esta vez.
Todos los que rodeaban a Hadley, excepto Chelsey, habían sido colocados allí por el propio Eric.
Irónicamente, la única a la que había permitido quedarse, simplemente porque Hadley quería que estuviera allí, resultó ser la amenaza.
Ahora, ese único acto de indulgencia casi había provocado un desastre.
Sin decir nada más, Eric se levantó, cogió su abrigo y habló con firmeza.
—Nos dirigimos al plató.
—Sí, señor Scott. Phillips se apresuró a seguirle.
Con las pruebas en la mano, era hora de llevar a Chelsey ante la justicia.
Cuando llegaron, Hadley estaba rodando, completamente absorta en su escena. Tamara se quedó cerca, pero Chelsey no estaba donde debía estar.
Dentro de la sala, Chelsey estaba metiendo frenéticamente sus pertenencias en una bolsa, principalmente sus provisiones de café y algunos objetos personales. Una vez que lo tuvo todo empaquetado, se colgó la mochila al hombro y se deslizó silenciosamente hacia la salida.
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