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Capítulo 2158:
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«¡Ernest!». Elissa le rodeó la cintura con los brazos y lo abrazó con fuerza. «¡Ya basta! ¡He dicho que pares!».
Ernest se quedó paralizado, mirando a Elissa, que se aferraba a él, con el puño suspendido en el aire.
Elissa soltó una risa burlona. «Te ha costado bastante».
Señaló con el dedo en dirección a Eric. —¡Es tu hermano, Ernest! ¿Cómo has podido llegar tan lejos?
Le lanzó una mirada llena de desprecio. —Obligas a la gente a hacer cosas que nunca han querido hacer y ahora eres despiadado con tu propio hermano. Sr. Flynn, hace honor a su reputación.
Ernest apretó la mandíbula. Parecía dispuesto a hablar, pero no dijo nada.
De repente, Elissa se agarró a su brazo, luchando por respirar.
Su pecho se agitaba mientras la combinación de miedo y rabia la dejaba mareada y jadeante.
La visión sacó a Ernest de su ira. Inmediatamente se acercó para sostenerla.
«¿Cómo te encuentras? ¿Por qué te has ido antes de terminar el oxígeno?».
Se agachó y deslizó un brazo bajo sus rodillas para levantarla con suavidad. «Vamos a volver a la sala de oxígeno, ahora mismo».
Su mirada se posó en Eric, tendido en el suelo, con los ojos fríos y vacíos. No dijo nada más. Sin mediar palabra, se dio la vuelta y se llevó a Elissa rápidamente por el pasillo.
Esa mirada silenciosa provocó un escalofrío en el pecho de Eric. Hadley sintió el mismo dolor. Se preguntó si Ernest lo olvidaría alguna vez o si llevaría consigo esa traición para siempre.
Desde un lado, Linda observaba con una mirada gélida. Ernest se marchó con Elissa en brazos, sin dedicarle ni una sola mirada a Linda.
¿De verdad se había vuelto tan frío e indiferente hacia ella?
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—Eric. —Hadley dejó a un lado sus preocupaciones, se arrodilló y extendió la mano para ayudar a Eric—. Vamos a levantarte.
—De acuerdo. —Eric la agarró del brazo, tratando de recuperar el equilibrio, pero luego hizo un gesto de dolor cuando una punzada le atravesó el cuerpo—. Me duele…
Hadley se quedó rígida por la sorpresa, incapaz de moverse. —¿Te he hecho daño? ¿Dónde te duele exactamente?
Miró al hombre que tenía delante, buscando respuestas en su rostro magullado. Su rostro, antes tan atractivo, ahora estaba magullado e hinchado. Solo se veían las lesiones más evidentes. ¿Quién sabía qué dolor ocultaba bajo su ropa?
«No es nada grave». Eric le apretó la mano e intentó sonreír. «Solo unos rasguños y moretones… Ay».
Hizo una mueca de dolor al intentar ignorarlo y luego esbozó una sonrisa torcida. «Sinceramente, me duele todo el cuerpo».
Hadley sintió pánico y gritó: «¡Phillips!».
Phillips respondió de inmediato: «¡Aquí estoy!».
Se había quedado cerca todo el tiempo, pero no se atrevió a intervenir a menos que Eric le diera la orden.
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