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Capítulo 201:
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No se equivocaba.
Así que no se atrevió a moverse.
Una leve sonrisa se dibujó en los labios de Eric. Su mano se posó suavemente en la cintura de ella.
—Déjame ayudarte con la cremallera, ¿vale?
—Está bien —murmuró Hadley, bajando la mirada y asintiendo ligeramente—. Gracias.
¿Cómo habían acabado así las cosas?
¿Dónde estaba Nyla? En ese momento, la única persona a la que podía recurrir era Eric.
—Muy bien, veamos. —Los dedos de Eric recorrieron su cintura, buscando.
—¿Dónde está la cremallera?
Buscó durante un momento, sin encontrarla.
Hadley sintió que se le subía el calor a la cara. —¡Está ahí! ¿Cómo no la ves?
—¿La cremallera?
—De verdad que no la veo. Nunca he llevado un vestido, ¿sabes?
—Está… ahí… —Hadley se calló, con frustración en la voz. Las palabras no le salían. Con un suspiro, se echó hacia atrás y le guió la mano.
En cuanto sus pieles se tocaron, una chispa la atravesó, un suave calor que le hizo sentir un escalofrío en la espalda.
Eric se tensó durante una fracción de segundo, sorprendido por la sensación inesperada.
No era desagradable. En todo caso, era… agradable.
Hadley, ajena a su reacción, le llevó la mano hasta la cremallera.
—Aquí. ¿Lo notas?
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—Sí.
Eric tragó saliva con dificultad, notando cómo se le movía la nuez. Tenía la garganta seca, casi irritada, como si no pudiera articular bien.
—Sí, lo tengo.
—Pues date prisa —resopló Hadley—. ¡Cierra ya!
—Sí, sí.
Eric apoyó una mano en su cintura mientras con la otra tiraba de la cremallera hacia arriba. Sin embargo, su mirada lo traicionó, siguiendo el recorrido de la tela al cerrarse, deteniéndose en la suave y perfecta línea de su espalda.
Una espalda tan hermosa, tan perfecta… diferente a la suya…
Apretó los ojos con fuerza, pero la oscuridad detrás de sus párpados no estaba vacía. Recuerdos manchados de sangre surgieron a la superficie: disparos, caos, un dolor agudo y abrasador. Le latía la espalda, un dolor fantasma que se asentaba en lo profundo de sus músculos.
—¿Ya terminaste? —La voz impaciente de Hadley lo devolvió a la realidad. ¿Por qué le estaba tomando tanto tiempo?
—Ya está.
Eric volvió a la realidad y subió los últimos centímetros de la cremallera. Esta se detuvo justo debajo de los omóplatos, dejando al descubierto la elegante curva de su espalda.
Se le hizo un nudo en la garganta y sintió cómo el calor le subía por el cuello. Rápidamente apartó la mirada.
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