✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 1859:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
«Sí». Levantó la mano y le secó suavemente las mejillas con el pañuelo que ella había olvidado que tenía en la mano. «¿Te sientes un poco mejor ahora?».
Linda dudó y luego asintió levemente con la cabeza. —Un poco…
Los analgésicos estaban empezando a hacer efecto.
—Entonces pórtate bien —dijo Ernest en voz baja—. Cierra los ojos y descansa un poco. —Le frotó suavemente la mano y luego tiró el pañuelo arrugado a la basura. Con manos cuidadosas, le colocó la manta alrededor de los hombros, envolviéndola en calor.
Linda se giró ligeramente y le miró con una mirada frágil y esperanzada. —¿Te quedarás… solo un rato?
—Por supuesto —respondió Ernest con voz cálida y firme—. Duerme tranquila. Estaré aquí.
—Gracias… —Cerró los ojos, pero siguió agarrándole la mano con fuerza, como si temiera que él desapareciera en cuanto la soltara.
Él se limitó a quedarse allí sentado, dejándola agarrar su mano. Pasaron los minutos. Su respiración se ralentizó, se suavizó y adquirió un ritmo regular. Cuando estuvo seguro de que se había quedado dormida, Ernest retiró suavemente la mano de la de ella, con cuidado de no despertarla. Se puso de pie, echó una última mirada a la figura dormida y salió silenciosamente de la habitación.
En el pasillo, Jane esperaba. «Cuídela bien», le dijo en voz baja.
«Por supuesto, señor Flynn», respondió ella con una reverencia respetuosa.
Afuera, bajo la luz menguante, Ernest se detuvo e inclinó la cabeza hacia atrás, exhalando un largo y profundo suspiro que no sirvió para aliviar el peso que lo oprimía.
Nunca había imaginado que las cosas llegarían a este punto. Linda podía ser complicada, imperfecta, a veces manipuladora, pero lo cierto era que una vez les había salvado la vida a ambos. Y por eso se sentían responsables, no, dispuestos a acompañarla en su vida con comodidad, sin miedo ni carencias.
Pero la vida rara vez se desarrollaba según lo planeado.
Sigue leyendo en ɴσνєℓα𝓼𝟜ƒα𝓷.ç𝓸𝗺 con nuevas entregas
Ahora, lo único que Ernest podía hacer era esperar. Esperar y confiar en que, cuando llegaran los resultados, no confirmaran las peores sospechas del médico.
Al dejar atrás el sanatorio Pristin Mountain, Ernest sacó su teléfono y marcó el número de Elissa. Tardó varios tonos, y varios intentos, en contestar.
—¿Hola? ¿Ernest?
Frunció el ceño instintivamente. —¿Por qué has tardado tanto en contestar?
—Estaba en la ducha —respondió ella con desenfado—. No oí el teléfono enseguida. Había un toque de diversión en su voz—. ¿A qué viene ese tono tan serio? ¿Ha pasado algo?
Ernest exhaló y negó ligeramente con la cabeza. —Lo siento. Supongo que he exagerado. Es solo que… estaba preocupado. Te desmayaste hace poco y pensé que podría haber vuelto a pasar algo.
—No voy a desmayarme, así que no te preocupes —dijo Elissa con una risa ligera, un sonido alegre y tranquilizador—. El doctor Perkins dice que estoy casi completamente recuperada. Y Laney mencionó que no he sido sonámbula en semanas. —Su voz era como la cálida luz del sol.
La expresión de Ernest se suavizó a pesar suyo. —Me alegro de oírlo.
Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios. —De hecho… yo también tengo buenas noticias. ¿Quieres oírlas?
—Oh, ¿qué es? —El tono de Elissa era curioso y dulce, como el burbujeo de un arroyo cristalino, lo que le hizo sentirse cómodo sin esfuerzo.
.
.
.