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Capítulo 1717:
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En el momento en que su mano la tocó, los ojos de Hadley se agrandaron y un destello de pánico brilló en sus pupilas.
Sin previo aviso, luchó por liberarse y se abalanzó sobre Ayla. «¡Espera! ¡No puedes irte todavía! ¿Qué querías decir con lo de la carta? Necesito respuestas. ¿Qué carta?».
«¡Hadley!». Eric la sujetó con más fuerza, sin dejar que se acercara más. «¡Aléjate de ella! Esa mujer no está cuerda, ¡ha perdido completamente la cabeza!».
Estar tan cerca de Eric abrumó a Hadley. Apenas había espacio entre ellos.
Aún conmocionada por lo ocurrido antes, no podía soportar ni un momento más.
Sus fuerzas la abandonaron.
Hadley perdió el conocimiento y sus párpados se cerraron mientras se desplomaba contra él.
—¡Hadley! —gritó Eric, moviéndose rápidamente para sostenerla.
Bajó la mirada y vio que se había desmayado en sus brazos.
Sus ojos se posaron en Ayla, culpándola por el desastre.
«¿Por qué sigues aquí? ¡Quítala de mi vista!», le ordenó bruscamente.
«¡Ahora mismo, señor Scott!».
«¡Alto! ¿Qué crees que estás haciendo?», suplicó Ayla con voz quebrada, con el rostro pálido como la cera. «¡Señor Scott! ¡No puede tratarme así! ¡No he hecho nada malo!».
Los labios de Eric se torcieron en una fría mueca de desprecio. No malgastó su aliento en responderle.
Tenía suerte de no haberle hecho daño a Hadley. Si le hubiera pasado algo a Hadley, Ayla se habría enfrentado a consecuencias mucho peores que una celda.
—¡Sr. Scott! —chilló Ayla, sacudiendo la cabeza violentamente—. ¡Ya sabe la verdad! ¿Por qué sigue castigándome? ¡Usted no sería tan despiadado! Hubo un tiempo en el que realmente se preocupaba por mí…
Para Eric, estaba claro que Ayla había perdido todo sentido de la realidad.
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Frunció el ceño, agotando su paciencia. —¡Sacadla de aquí! —ordenó bruscamente.
—¡Sí!
—¡Por favor, no… no lo haga! —Desesperada, Ayla se defendió mordiendo el brazo de un guardaespaldas. El guardia soltó un gruñido de dolor y aflojó un poco el agarre, lo que le dio la oportunidad de escapar.
—¡Quieta ahí! —gritó el guardia.
Ayla no oyó ni una palabra. Sabía que no podía escapar de los guardaespaldas a bordo.
Impulsada por el pánico, apretó los ojos y se lanzó del yate al agua.
—¡Sr. Scott! —gritó Tamara con urgencia en su voz—. ¡Se ha tirado por la borda!
—¡Tras ella! ¡No dejéis que se escape! —ladró Eric dando la orden.
—Entendido!
Una vez dada la orden, Eric se agachó y levantó con cuidado a Hadley, que seguía inconsciente, en sus brazos. Ayla había cruzado una línea: ahora no habría perdón.
Dentro del coche,
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