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Capítulo 1676:
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Respiró hondo, cerró los ojos por un instante y se dio la vuelta para marcharse.
—¡Hadley! —Eric la agarró del brazo con urgencia—. No es lo que estás pensando.
No tenía pensado contárselo, pero, dado cómo se estaban desarrollando las cosas, pensó que era mejor que lo viera por sí misma.
—Ella… ahora mismo no es ella misma.
Hadley entrecerró los ojos, confundida.
«¿De qué estás hablando?».
Manteniendo un firme agarre en su mano, Eric la instó: «Ven conmigo arriba.
Lo entenderás cuando la veas».
A Hadley no le importaba ver a Linda, no tenía ningún interés en ella, pero algo en su tono despertó su curiosidad. Quería saber qué tipo de drama estaba montando Linda esta vez.
«Entonces llévame», dijo.
Eric no le soltó la mano mientras regresaban al edificio y se dirigían al departamento de ortopedia.
En la puerta de la sala VIP, miraron a través de la ventana de observación de cristal, desde donde podían ver todo lo que ocurría en el interior.
Una cuidadora estaba de pie junto a Linda, con un cuenco en la mano, persuadiéndola con suavidad. —Señorita Harris, por favor… ¿solo un bocado más?
Linda no dijo ni una palabra. Estaba sentada encorvada en una silla de ruedas, con el pelo revuelto y la cabeza envuelta en gruesas vendas. Sus labios permanecieron cerrados. Con los brazos fuertemente cruzados, miró a la cuidadora con recelo.
«¿Quién eres? No te conozco… ¡No te acerques!». Sacudió la cabeza, negándose rotundamente. «No voy a comer eso».
«Señorita Harris, soy yo, Jane. ¿No me recuerda? He estado con usted todo este tiempo», dijo Jane en voz baja, acercándole la cuchara a los labios.
«Si no come ahora, no tendrá fuerzas suficientes para recuperarse. Solo un bocado… ¿por favor?».
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—¡No! ¡No!
De repente, Linda levantó el brazo y golpeó, tirando el cuenco y la cuchara de las manos de Jane, que cayeron al suelo con estrépito.
—Oh, no… —jadeó Jane—. ¿Y ahora qué?
Linda retrocedió, agarrándose la cabeza con pánico. —¡No sé quién eres! ¿Por qué me obligas a comer?
Su voz se elevó, ahora frenética. —¡Ernest! ¿Dónde estás, Ernest?
Y cuando no obtuvo respuesta, llamó a otra persona. —¡Eric! Eric, ¿dónde estás?
Fuera de la habitación, Hadley se quedó paralizada, observando cómo se desarrollaba la escena, con el rostro pálido.
Lo que vio le trajo un recuerdo escalofriante: la esposa de Ferris, Milly.
«Ella… »
Hadley se volvió hacia Eric, con una expresión entre la incredulidad y la sospecha. Se tocó la sien. «¿Aquí…?»
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