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Capítulo 1638:
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Se sentía impotente, sin saber cómo aliviar su dolor.
Después de dudar, Ernest se quitó los zapatos y se subió a la cama. La rodeó con sus brazos y se acostó a su lado, abrazándola con delicadeza.
Los nervios le invadieron.
Aunque tenían a Locke, sus recuerdos de aquella lejana noche eran confusos. Los detalles se habían desvanecido tanto que apenas podía recordar nada. Era la primera vez que la abrazaba tan estrechamente, plenamente consciente y presente.
¿Estaba cruzando una línea al aprovecharse de su vulnerabilidad?
La incertidumbre le oprimía la garganta, pero antes de que la duda pudiera vencerlo, Elissa se movió en sueños y se acurrucó más contra él.
Sus inquietas lágrimas se desvanecieron lentamente.
Una suave sonrisa se dibujó en los labios de Ernest. Ella lo necesitaba allí. En ese momento, estar a su lado significaba más que preocuparse por las apariencias.
Más tarde esa noche, Elissa se despertó de repente.
Las fuertes protestas de su estómago la habían sacado del sueño.
La suave lámpara de la mesilla de noche aún brillaba, un pequeño consuelo que Ernest había dejado encendido para ella.
Cuando sus ojos finalmente se acostumbraron a la luz, descubrió que estaba acurrucada contra él. El color se le subió a las mejillas. Recordaba claramente que él estaba sentado a su lado antes. ¿Cómo había terminado envuelta en sus brazos de esta manera?
Su estómago volvió a gruñir, haciéndola encogerse. Intentó apartar su brazo lo más silenciosamente posible.
«¿Estás despierta?».
Una voz baja rompió el silencio.
Con la cara ardiendo, lo miró y respondió: «S-sí».
Ernest se incorporó y la miró fijamente. —Tus ojos tienen mucho mejor aspecto ahora. ¿Te encuentras bien? ¿Te sigue doliendo la cabeza?
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Ella negó con la cabeza, todavía un poco tímida. —No… pero tengo hambre.
—Oh. —Se le escapó una risa ahogada mientras se inclinaba y le revolvía el pelo.
—De acuerdo, te entiendo. Quédate ahí, voy a pedir que traigan algo.
—¡Espera! —Elissa le agarró del brazo, nerviosa—. No hace falta que hagas todo eso. Puedo buscar algo yo misma.
Ya era tarde y odiaba causar problemas.
—No tienes por qué preocuparte —Ernest negó con la cabeza—. Para eso está el personal, para cuidar de ti.
Ya había pedido al personal que se quedara despierto esa noche, por si acaso Elissa se despertaba y necesitaba algo.
Elissa oyó su voz grave desde el pasillo, hablando con el personal que estaba fuera. Aprovechando que él estaba ocupado, se metió en el baño para echarse agua en la cara y peinarse antes de salir.
Ernest esperaba junto a la puerta, con las manos en los bolsillos. —Lo están preparando. ¿Quieres esperar abajo?
«Claro».
La casa se había quedado en silencio, y la noche daba paso lentamente a la madrugada. Abajo, en el comedor, Elissa se sentó a la mesa y comió en silencio, con Ernest sentado a su lado.
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