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Capítulo 1630:
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Hadley soltó una risita. «¿Te parece lo suficientemente dulce?».
«Sí. ¿No me crees? Pruébalo tú misma». Eric le quitó el vaso de la mano, la atrajo hacia sí por la cintura y le robó un beso.
En ese momento, la puerta se abrió de golpe: Ernest entró, pero se quedó paralizado al ver lo que había dentro.
Esperaba encontrar solo a Hadley. ¿Qué hacía Eric allí?
Arriba, Elissa dormía profundamente, pero su descanso no era nada tranquilo.
Tenía el ceño fruncido y su expresión denotaba angustia.
Afuera, el cielo estaba cubierto de nubes, que proyectaban una luz gris pálida en la habitación. Elissa estaba sentada acurrucada en una mecedora, con el vientre redondeado y prominente bajo la ropa.
Su madre, Savannah Holland, estaba sentada cerca con un tazón de sopa de pollo en las manos. Lo removió suavemente, levantó una cucharada, sopló suavemente y la acercó a los labios de su hija.
—Ya no está caliente. Intenta tomar un poco.
Elissa apartó la cabeza de la ventana y miró a su madre.
—Ya hemos decidido que no vamos a tener al bebé. ¿Para qué molestarse con la sopa de pollo?
A Savannah se le encogió el corazón.
—No hables así. Tanto si llevas este embarazo a término como si no, tu salud sigue siendo importante.
Como mujer y madre, comprendía lo que el embarazo podía hacerle al cuerpo.
—No te resistas. Tu salud es importante. Vamos, abre la boca.
Por fin, Elissa cedió. Abrió los labios y aceptó la cuchara.
Tras el primer sorbo, habló.
—Mamá… Robin no me ha llamado en seis meses.
Savannah se quedó paralizada. Se le llenaron los ojos de lágrimas, pero rápidamente apartó la mirada, fingiendo no haber oído nada. En su lugar, preguntó:
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—¿Qué quieres para cenar? Te lo prepararé.
—Quiero raviolis.
«De acuerdo».
El silencio del hogar se desvaneció, sustituido por las duras luces blancas del hospital.
«¡ARGH!».
Elissa gritó entre las contracciones, empapada en sudor y apenas aguantando.
«¡Robin, me duele!».
«¡Elissa!».
Savannah le cogió la mano y la apretó con fuerza. Incluso ahora, en su peor momento de dolor, su hija seguía llamando al hombre que la había abandonado.
Pero él no había venido. Nunca lo haría.
La única persona a su lado era su madre.
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