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Capítulo 1553:
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«Lo sabe todo. Y mírame, estoy muy bien. Incluso me ha encontrado un especialista. Pronto volaré a Aradimen».
Linda señaló sus piernas. «Una vez allí, me lo arreglarán. Volveré a caminar».
Hizo una pausa, con la mirada perdida y los ojos iluminados por algo desquiciado.
«Cuando vuelva, estaré de nuevo donde pertenezco. Todos me adorarán como antes. Recuperaré todo lo que perdí: la fama, el lujo, la admiración».
Hadley apretó la mandíbula; el sonido fue agudo en la silenciosa habitación.
Pero no habló porque, en el fondo, sabía que Linda no estaba fanfarroneando. Todo lo que decía era cierto.
La mirada de Linda recorrió a Hadley, aguda y desafiante, rebosante de un desprecio tácito.
«A juzgar por tu expresión, Eric no te ha contado nada, ¿verdad? ¿Por qué crees que es así?».
En ese momento, Hadley se sintió completamente indefensa, como una marioneta atada por hilos invisibles, obligada a soportar las burlas despiadadas de Linda.
«Es sencillo. Sigue protegiéndome». La voz de Linda rezumaba satisfacción presumida, cada sílaba articulada con precisión calculada. «
Incluso después de todo lo que he hecho, no se atreve a actuar».
Su tono era casi casual, pero cada palabra golpeaba a Hadley como un latigazo, cruel y deliberado.
«Puede que ahora lo tengas», continuó Linda, con los ojos fríos e inquebrantables, «pero hay una parte de su corazón que siempre me pertenecerá. Nunca lo tendrás por completo».
Ante eso, Hadley soltó una risa breve y aguda. «Eres increíble, Linda. Si no puedes tener algo, prefieres quemarlo hasta los cimientos». Cada palabra que Linda había dicho era cierta.
Pero Hadley vio más allá de su fachada: esto no era más que un cruel intento de separarlos.
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«¡Así es! ¡Eso es exactamente lo que soy!», replicó Linda, levantando la barbilla desafiante, con un brillo de locura en los ojos. «¿Creéis que podéis ser felices juntos? ¡Seguid soñando!». Lo confesó todo sin una pizca de vergüenza.
«Quiero que esta cicatriz quede grabada en tu corazón, Hadley. Nunca conocerás la paz, no en esta vida».
Había dicho todo lo que había venido a decir.
Y al ver cómo Hadley palidecía, Linda supo que sus palabras habían dado en el blanco.
Sin mirar atrás, se dio la vuelta y salió de la habitación en su silla de ruedas.
Hadley se quedó paralizada, clavada en el sitio. Cerró los ojos con fuerza, como si intentara bloquear el dolor.
Justo cuando Linda llegaba a la puerta, casi chocó con Eric, que acababa de regresar.
Él se detuvo, frunciendo el ceño con expresión de desconcierto. «¿Qué haces aquí?».
«He venido a visitar a Hadley», respondió Linda con dulzura, claramente satisfecha consigo misma. «Me voy a Aradimen esta semana, así que pensé en dejaros a los dos un regalo de despedida».
No dio más explicaciones.
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