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Capítulo 150:
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«Sí».
Mathias no endulzó la verdad. A lo largo de los años, había sido testigo de las dificultades de Hadley. «¡Por fin han incluido el nombre de Joy en la lista!».
Hadley se quedó paralizada. Por un momento, fue como si el mundo hubiera dejado de girar. Sus ojos brillaban con lágrimas contenidas, cuyo peso presionaba contra su determinación.
Apretó los puños, esforzándose por no derrumbarse. —G-gracias, Dr. Williams.
La emoción se apoderó de su pecho, tan intensa que las palabras le parecían un concepto ajeno.
—¿Por qué me das las gracias? —Mathias se rió entre dientes.
—Yo apenas he movido un dedo. Tú eres la que se ha estado matando a trabajar. Ahora, una vez que la operación haya terminado, Joy por fin se liberará de este tormento.
—Sí… es cierto.
—Hablando de eso —añadió Mathias con voz firme—, tendrás que reunir rápidamente el dinero para la operación.
El corazón de Hadley dio un vuelco.
Las comisuras de sus labios, que apenas habían comenzado a levantarse, se aplanaron de nuevo. Por supuesto, el costo. Ese peso enorme y asfixiante aún se cernía sobre ella.
—¿Aproximadamente… cuánto? —preguntó con voz entrecortada.
—Alrededor de quinientos mil dólares —respondió Mathias sin dudar.
¡Quinientos mil dólares!
Se había preparado para una suma considerable, había ahorrado y ahorrado cada…
un centavo, pero al oír la cifra real, un escalofrío le recorrió la espalda. Equilibrar las comidas para ella y Joy siempre había sido una batalla cuesta arriba, una batalla que parecía interminable. Las facturas médicas mensuales se acumulaban con la regularidad de un reloj, implacables como la marea.
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A pesar de todos sus sacrificios, sus ahorros no parecían más que una gota en el océano.
Mathias conocía algunos detalles de sus dificultades económicas. «Será mejor que se dé prisa. La operación podría realizarse en tan solo dos meses o prolongarse hasta seis. No se sabe». Como médico, no podía hacer nada más.
«Lo entiendo», murmuró Hadley.
Cuando terminó la llamada, se encontró balanceándose entre la esperanza y la desesperación.
¡Joy por fin tenía una oportunidad! ¡Una oportunidad real de curarse! Pero el dinero…
Dos meses, seis como mucho.
¿De dónde iba a sacar tanto dinero?
A pesar de su apretada agenda, Hadley sacó tiempo para visitar a Nyla en el sanatorio.
Día a día, Nyla se hacía más fuerte.
—Hadley, has venido. —Había calidez en la voz de Nyla y un toque de color había vuelto a su rostro.
—Nyla.
Cuando Hadley entró, notó otra presencia: Eric. Era la primera vez que se veían desde aquella discusión explosiva en Galant.
—Ven, siéntate.
Nyla tomó la mano de Hadley con una sonrisa amable en los labios. —Me siento mucho mejor. En poco estaré de vuelta en casa. Te has preocupado mucho por mí.
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