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Capítulo 1372:
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«¡Me encanta!», chilló Joy.
Un dolor silencioso floreció en el corazón de Eric, y se le hizo un nudo en la garganta. «Esta también es tu casa, Joy».
Joy ladeó la cabeza, su joven mente solo captaba a medias lo que él quería decir. Antes de que pudiera preguntar más, sus ojos se posaron en un tobogán y unos columpios que había cerca.
«¡Yupi!», exclamó, riendo de alegría. «¡De verdad has puesto un tobogán y columpios!».
«Por supuesto», dijo Eric, revolviéndole el pelo con una tierna sonrisa. «Te hice una promesa y siempre cumplo mi palabra».
«¡Eric, eres el mejor!», exclamó Joy con los ojos muy abiertos, volviendo a mirar el tobogán. «¿Puedo jugar ahora? ¿Por favor? »
«Por supuesto», dijo Eric con una sonrisa cálida y alentadora.
«¡Mamá!», gritó Joy, corriendo hacia el tobogán y saludando con entusiasmo. «¡Vamos, mamá! ¡Juega conmigo!».
«Ya voy», respondió Hadley con una sonrisa. Al ver la alegría incontenible de Joy, Hadley no pudo soportar estropear el momento. Corrió detrás de su hija y se unió a la diversión.
Eric, limitado por su mano lesionada, se quedó atrás, contento de observar desde la distancia.
Observó a Hadley y Joy, cogidas de la mano, subiendo por el tobogán y bajando a toda velocidad, una y otra vez. Sus rostros reflejaban el mismo abandono alegre, y sus risas resonaban en el aire.
Eric se quedó quieto, y se le escapó una suave risa. Sus ojos brillaban con calidez y su corazón se llenaba de una tierna ternura.
¡Qué escena tan perfecta!
Su amada mujer y su preciosa hija, jugando juntas: su familia.
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A punto de cumplir treinta años, Eric sintió, por primera vez, la verdadera calidez del hogar. Lo que sus padres nunca pudieron darle, lo había encontrado por sí mismo.
Anhelaba detener el tiempo, tener a Hadley y Joy a su lado para siempre. Si fuera así, no tendría nada que lamentar.
En ese momento, Eric se dio cuenta con una claridad penetrante de que anhelaba un hogar, no una mansión grandiosa y vacía, sino un refugio lleno de seres queridos, de familia.
Esa noche, después de asegurarse de que Hadley y Joy estuvieran cómodamente instaladas, Eric regresó al hospital para su tratamiento nocturno.
Después del tratamiento, se aseguró de mantener la mano izquierda seca y se dio una ducha rápida.
Al salir, su teléfono vibró.
Había recibido un mensaje de Hadley. «¿Cómo está tu mano? ¿Todavía te duele mucho esta noche?».
Eric esbozó una leve sonrisa mientras respondía: «El médico la ha revisado, es soportable. Pero esta sala es tan silenciosa que hace que el dolor sea más agudo que anoche».
La insinuación era sutil: echaba de menos su presencia.
Hadley respondió con una foto de Joy, profundamente dormida, seguida de un mensaje. «Aquí tienes tu analgésico».
Eric abrió la imagen y soltó una suave risa.
Sus ojos brillaban de afecto.
Trazó el rostro dormido de Joy en la pantalla con la yema del dedo, murmurando: «Joy, papá lo está intentando con todas sus fuerzas. Anímame, ¿vale?».
«El flujo sanguíneo parece bueno», dijo el médico mientras presionaba suavemente la punta. «La sensibilidad en la yema del dedo también parece normal».
«Entonces… ¿el dedo se ha recuperado?». La voz provenía de Ferris. No había aparecido en días, pero no se perdería una revisión como esta.
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