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Capítulo 119:
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Era lunes, el día libre habitual de Hadley.
Había planeado pasar la noche con Nyla.
Nyla estaba feliz de tener su compañía y no veía razón para negarse. Al llegar temprano por la mañana, Hadley trajo su bolso y todo lo que necesitaba para el día.
Nyla se despertó temprano y se sorprendió al encontrar a Hadley ya allí. «Hadley, ¿has llegado tan temprano? ¿No suelen dormir hasta tarde los jóvenes cuando no tienen que trabajar?».
«Puedo recuperar el sueño en cualquier momento. Un día no pasa nada».
Sentada junto a Nyla, Hadley se fijó en lo bien que estaba. Llevaba días pensando en esta conversación y finalmente se había decidido a expresar sus pensamientos.
—Nyla —dijo Hadley, tomándole la mano con delicadeza—. Tengo que decirte algo. Prométeme que no te enfadarás ni te alterarás. Solo quiero compartir mis sentimientos.
Al ver la expresión sincera de Hadley, Nyla respondió con una sonrisa tranquilizadora. —De acuerdo, te escucho.
—Vale, entonces te lo diré.
—Adelante.
—Nyla —comenzó Hadley, con la voz ligeramente temblorosa—. Te estoy muy agradecida por acogerme hace tantos años. Si no hubiera sido por ti, probablemente habría tenido que dejar de bailar y buscar otro trabajo mucho antes…
Su voz se quebró, pero siguió adelante.
—Tu abuela era mi mejor amiga y, para mí, tú eres como mi propia nieta. Siempre te he visto así —admitió Nyla, con la voz cargada de emoción.
—Siempre me has protegido y cuidado… —Hadley, luchando por contener sus emociones, formuló su petición—. Por eso te pido que me cuides una vez más.
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—¿Qué? —Nyla se quedó desconcertada por un momento, interpretando la actitud solemne de Hadley como una indicación de que se trataba de una petición seria.
Asintiendo rápidamente, la instó—: Está bien, dime qué es. Sea lo que sea, estaré de acuerdo.
—Te lo agradezco, gracias —comenzó Hadley, reuniendo su determinación.
—Por favor, acepta que Eric y yo nos divorciemos.
—¿Qué? —El rostro de Nyla era un disfraz de conmoción. No podía comprender lo que estaba oyendo.
—¿Entiendes lo que estás pidiendo? —insistió Nyla.
—Sí, lo entiendo —confirmó Hadley, con la voz cargada de emoción—. Una vez amé profundamente a Eric. Esa verdad era innegable.
—Pero ahora mis sentimientos han cambiado.
Detrás de ella, la puerta del baño estaba entreabierta.
Una figura alta se detuvo en el umbral, clavada en el sitio al oír el final de la conversación.
—Hadley… —La voz de Nyla temblaba ligeramente mientras sostenía la mirada de Hadley.
Hadley apretó la mano.
Continuando con voz temblorosa, reveló: —Él nunca me quiso de verdad. Su corazón siempre perteneció a Linda.
Nyla se quedó sin palabras, incapaz de rebatir la verdad. —Así que lo sabías —murmuró Nyla entre dientes.
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