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Capítulo 1092:
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El coche entró en Millland Road y se detuvo frente a su edificio de apartamentos.
Hadley salió del coche y Eric la siguió.
«¡Hadley!».
Ella se detuvo y se dio la vuelta. «¿Necesitas algo?».
«Si… quiero decir, si…». Eric tragó saliva con dificultad, con la voz cargada de emoción. «Si alguna vez te hace daño… o si cambias de opinión, recuerda… que siempre estaré aquí».
Hadley nunca imaginó que Eric diría algo así.
En ese fugaz instante, sintió como si una aguja afilada y fina le hubiera atravesado el corazón, dejándole un profundo y agridulce dolor que se extendió por todo su cuerpo.
Enmarcada por la luz, Hadley apretó los labios y le dedicó una sonrisa débil y frágil.
—No siento nada por ti. Estás esperando algo que nunca sucederá. Deja de perder el tiempo.
Sin decir nada más, se dio la vuelta y su sonrisa desapareció tan rápido como había aparecido.
Eric se quedó paralizado, atónito. Una risa amarga y burlona se escapó de sus labios. Así, sin más, ella había destrozado todas sus esperanzas con unas pocas palabras frías y definitivas.
Su teléfono vibró: era un mensaje de Phillips.
Le seguía un archivo adjunto.
Información sobre Brady.
El archivo describía los antecedentes de Brady: su padre era profesor universitario, su madre era propietaria de una cadena de supermercados y Brady acababa de regresar de estudiar en el extranjero para ayudar a dirigir el negocio de su madre.
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Eric parpadeó. Brady era dos años más joven que Hadley.
¿Eso era todo? ¿Había perdido frente a un tipo que vendía comestibles? ¿Eso era todo lo que valía a los ojos de Hadley?
De vuelta en el apartamento.
—¡Mamá!
En cuanto Hadley cruzó la puerta, Joy corrió hacia ella y se lanzó a sus brazos. —¡Mamá ha vuelto! ¡Te he echado mucho de menos!
—Yo también te he echado de menos, cariño —sonrió Hadley.
Joy acarició el rostro de Hadley con sus manitas y parpadeó con preocupación. «Mamá, ¿estás enferma?».
«¿Qué?». Hadley se detuvo, sorprendida, y luego negó con la cabeza.
«No, claro que no. ¿Por qué piensas eso?».
«Pareces un poco triste», dijo Joy, inclinando la cabeza mientras estudiaba el rostro de su madre.
El corazón de Hadley dio un vuelco. ¿De verdad parecía tan triste?
—Mamá —Joy se apoyó en su hombro, con voz suave y seria—. ¿Es porque Eric ya no viene a nuestra casa?
Hadley se quedó paralizada, con los labios entreabiertos por la sorpresa.
—¿Estás triste por eso? —continuó Joy.
Puede que fuera pequeña, pero no era tonta. Eric llevaba días sin visitarlos y, aunque Hadley le había dicho que solo estaba ocupado, Joy notaba que algo no iba bien.
«No estés triste, mamá», dijo Joy, dándole una palmadita en el hombro con sus manos suaves y tranquilizadoras. «No es agradable. ¡No lo necesitamos! ¡Me tienes a mí!».
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