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Capítulo 1590:
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Dominic pasó las páginas frenéticamente hasta llegar al apéndice. Las fotos se desparramaban por las páginas: docenas de instantáneas espontáneas de Chris en distintos lugares, en actitud íntima con diferentes mujeres. Las pruebas estaban ahí, captadas en la tenue luz de una discoteca y bajo las luces intensas del exterior de un hotel de lujo en las primeras horas de la madrugada. Algunas imágenes incluso lo mostraban en una conversación cercana, aparentemente íntima, con estrellas emergentes. Las imágenes eran granuladas, pero la confianza de playboy y el encanto despreocupado saltaban de la página.
El rostro de Dominic se retorció de rabia, hirviendo como una tormenta en el mar.
—Cabrón —siseó, en voz baja y venenosa.
Levantó la cabeza bruscamente, clavando la mirada en Chris, que estaba a lo lejos —ahora hablando por teléfono, todavía de pie junto a Maia. Hacía unos instantes, Dominic lo había considerado prometedor. Ahora solo veía a un depredador apuesto, un mujeriego despiadado que usaba su atractivo para jugar con chicas ingenuas.
Dominic apretó la mandíbula con tanta fuerza que sus dientes rechinaron audiblemente. Su pecho se agitaba con respiraciones furiosas.
Por fin, la presión estalló.
«¡Ese hijo de puta!», bramó. «¡No es más que un canalla que va detrás de las faldas!».
El corazón de Dominic se agitaba con emociones contradictorias, hundiéndose cada vez más en la desesperación.
La familia Cooper estaba corrupta hasta la médula; no había ni una sola persona honorable entre ellos. Ni siquiera un Cooper ilegítimo era diferente; todos ellos estaban podridos sin remedio. Un linaje tan venenoso merecía ser exterminado por completo.
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Y, sin embargo, Maia —tan inocente, tan extraordinaria— se había visto envuelta de alguna manera con Chris. ¿Cómo podía ser eso posible? Debía de haberse dejado engañar por la labia y el rostro apuesto de ese sinvergüenza.
Imposible. Absolutamente imposible.
Ya había fallado a su propia hija una vez. Como abuelo de Maia, no podía soportar ver cómo se repetía la historia. No se quedaría de brazos cruzados viendo cómo caía en una trampa. Es más, Maia estaba destinada a heredar el futuro de la familia Watson. ¿Cómo iba a permitir que un bastardo notorio mancillara su reputación?
No se podía permitir que esto continuara.
Los papeles que Dominic tenía en la mano se arrugaron violentamente, y las finas hojas emitieron un crujido agudo al ser aplastadas hasta formar una bola.
Justo en ese momento, el comandante que había entregado los documentos regresó corriendo, jadeando. Tenía el rostro pálido por el pánico mientras agarraba una delgada carpeta y la presentaba con ambas manos.
«Esto… esto acaba de recuperarse de la base de datos del Ayuntamiento. Fue un error mío: antes pasé por alto algo tan importante». Bajó la cabeza, preparándose para la ira de Dominic.
«¿El Ayuntamiento?»
Dominic se quedó paralizado, con el corazón en un puño. ¿Qué se suponía que significaba eso? ¿Podría ser que ese sinvergüenza ya estuviera casado?
Qué descaro. ¿Casado… y aún así atreviéndose a engañar a Maia?
Por una fracción de segundo, Dominic sintió el impulso de desenfundar su arma y dispararle a Chris allí mismo. Respiró hondo, obligándose a contener su ira. Por otra parte, para un mujeriego notorio, casarse joven no era precisamente sorprendente. Aun así… era indignante.
Hoy, desenmascararía la verdadera naturaleza de Chris delante de Maia de una vez por todas.
Dominic arrebató el expediente y lo abrió de un golpe, con la mirada aguda e implacable.
En la columna del estado civil, una sola palabra saltaba a la vista: Casado.
Fue como si algo detonara en su mente, con el pecho oprimido por una furia incontrolable. Su peor temor se había hecho realidad. Chris estaba casado… ¿y aún así seguía cortejando abiertamente a su nieta?
Desvergonzado. Absolutamente desvergonzado.
—Tú… —espetó Dominic, mirando al comandante con una expresión tan fría que helaba la sangre.
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