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Capítulo 1522:
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La pantalla mostraba imágenes de él mismo de hacía un rato: de pie, tranquilo ante la cámara, hablando con confianza, incluso con un atisbo de orgullo visible en su rostro. Su propia voz brotaba del altavoz, y cada frase le golpeaba como un puñetazo. «Esto no es solo un proyecto de investigación… Es nuestro Proyecto de Deificación… Hay tanta basura sin valor en el mundo…»
La mente de Kolton se quedó en blanco.
Todo lo que había sucedido… lo habían retransmitido en directo. Toda su conversación con los supuestos secuestradores había quedado al descubierto ante el mundo.
El sudor frío brotó al instante, empapándole la frente mientras el último atisbo de color se desvanecía de su rostro. Solo ahora lo entendía. Desde el principio, había sido una trampa. Nada de eso era real. No habían querido confirmar su identidad. Habían querido una confesión: querían que se condenara a sí mismo delante de todo el mundo.
«¿Es… es esto real, Kolton?», preguntó Jimmie con voz temblorosa a su lado.
Jimmie había visto las mismas alertas y el mismo vídeo en su propio teléfono. Tenía el rostro ceniciento y el cuerpo rígido, como si la conmoción le hubiera drenado todo el calor.
Hі𝘴𝘵𝗈r𝗶𝖺𝘀 𝗊𝘂𝗲 𝘯о 𝗽𝘰𝗱𝗿𝘢́𝗌 s𝗈l𝘵аr 𝖾n 𝘯𝘰v𝖾l𝘢s𝟰f𝘢ո.соm
Había seguido a Kolton no solo por ambición. Para él, Kolton había sido un benefactor: el hombre que lo sacó de los barrios marginales, pagó su educación y le dio un futuro. Incluso cuando el Grupo Cooper se desmoronó y los rumores se extendieron por todas partes, Jimmie había creído que Kolton estaba siendo incriminado por sus rivales. Sí, Kolton era calculador y despiadado, pero Jimmie seguía viéndolo como un ser humano: alguien que había tropezado y luchaba por levantarse de nuevo. Estaba dispuesto a apoyarlo, incluso a dar su vida si fuera necesario.
Pero nunca había imaginado la verdad.
Kolton no era simplemente corrupto. Era un monstruo: uno que había pasado toda una vida escondiéndose tras un rostro humano.
Jimmie se quedó mirando el vídeo, con la mirada clavada en la pantalla mientras el rostro contorsionado de Kolton se hacía cada vez más grande. Kolton hablaba abiertamente, casi con naturalidad, describiendo esos experimentos inhumanos: personas vivas reducidas a herramientas, desechadas cuando ya no servían. Incluso habían arrastrado a niños de los barrios marginales a ello.
Jimmie procedía de esos barrios marginales. Retrocedió paso a paso hasta que su espalda chocó contra la pared. Su respiración se volvió entrecortada, como si la propia habitación se hubiera vuelto asfixiante, cargada del peso invisible de la sangre derramada. Era la reacción más sincera del cuerpo ante el mal absoluto.
En ese momento, todo aquello en lo que Jimmie había creído se derrumbó. Su mundo se hizo añicos, sin dejar nada intacto. Volvió a mirar a Kolton, y donde antes había habido admiración, ahora solo había miedo puro y una profunda repulsión instintiva.
«¡Aléjate de mí!», gritó Jimmie. «¡Bicho raro! ¡Monstruo! Nunca volveré a seguirte».
Cogió varios trozos de pan y botellas de agua de la mesa y salió corriendo por la puerta, desapareciendo en la vasta y vacía noche sin mirar atrás ni una sola vez.
Kolton no lo siguió. Ya no tenía fuerzas.
Bajó la cabeza, fijando la mirada en el teléfono que tenía en la mano, paralizado en el sitio mientras la conmoción se le metía en los huesos. Entonces el teléfono se le resbaló. Golpeó el suelo, rebotó una vez y cayó con un fuerte golpe sordo, reflejando el sonido de algo dentro de él rompiéndose sin posibilidad de reparación.
«Se acabó», susurró. «El Grupo Cooper está acabado. Y yo también. Thomas… el Maestro de las Sombras… sus agentes secretos ya deben de estar de camino».
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